ALAS DE TINTA

¡Queridos lectores!

Después de una encuesta por las redes sociales, sobre el contenido que os gustaría encontrar en este rincón, una de las opciones más votadas fue Historias por entregas. Por lo que haciendo caso a mis lectores, y en especial a Mireia Ventura Ortiz, que siempre está atenta a mis relatos y fragmentos, aquí tenéis la portada de mi nueva historia, la sinopsis (soy malísima con ellas, lo siento) y el primer capítulo.

Este manuscrito lleva muchos años con 90 páginas escritas, y como necesita un final, creo que lo mejor es mostrarlo, semana a semana, y así forzarme a terminarlo.

¡Espero que os guste! Dejadme comentarios ¿eh?

Sinopsis:

Göran Jonsson, es un sueco altivo y gruñón, guitarrista de death metal melódico, que ha tenido siempre lo que ha querido. Tras una discusión lo pierde casi todo. Tras un año sabático, intenta salir del agujero negro en el que se ha sumergido, dejar de sentirse vacío y perdido, cuando se encuentra con una "chicazo" y su vida da un giro inesperado.

Alieke Van Dijken, es una tatuadora holandesa, de apariencia radical y alma espiritual. Un ángel de alas rotas y corazón herido. Lucha por encontrar el amor de verdad mientras decora la piel de sus clientes con simbolos y mensajes. Un vuelo de avión tras una convención de tatuajes cambiará su destino.

¿Conseguirá Göran salir del pozo en el que está? ¿Podrá Alieke amar de nuevo? ¿Qué les tendrá deparado el destino? 



CAPITULO 1: Vuelo Londres-Ámsterdam 

Göran Jonsson miraba a través de la ventana las pistas de despegue y aterrizaje del aeropuerto de Heathrow. Con sus ojos clavados en el asfalto y la cabeza completamente en las nubes de su memoria, recordaba los años pasados en los que había tenido todo lo que quería.

Mientras los pasajeros del vuelo hacia Ámsterdam se iban colocando en sus asientos, él no pudo evitar volver la vista hacia atrás. Las noches de conciertos girando por distintas ciudades, con el público gritando su nombre y marcando con las manos sus notas sobre las cuerdas. Las madrugadas de orgias, sexo salvaje y alcohol. Las mañanas de aspirinas para el dolor de cabeza. Recordaba porque ahora no tenía nada de lo que quería tener.

Estaba tan pendiente de sus recuerdos e intentando coger postura en el asiento, cuando una chica de pelo rubio le sorprendió saludándolo escuetamente y sentándose a su lado. «Menuda chicazo» pensó al recorrerla con la mirada. La joven era todo lo contrario al tipo de mujeres a las que estaba acostumbrado. A él le ponían las mujeres de pechos exuberantes con cuerpos espectaculares que siempre parecían recién peinadas. Y esa joven con esa apariencia tan radical, con su pelo largo por un lado y la sien izquierda rapada al dos parecía que no había pisado un salón de belleza en su vida. Las dilataciones que llevaba en las orejas y los tatuajes que se entreveían en su cuello, le daban a su aspecto un toque de masculinidad que le dejó en estado de shock.

Minutos después de despegar, Göran siguió perdido en las vistas del cielo. Intentando encontrar un sentido a su nueva vida mientras observaba las diferentes siluetas de las nubes. Trató incluso de dormir para silenciar sus pensamientos, pero no pudo. Su cabeza no dejaba de dar vueltas a su pasado intentando encontrar algo que le hiciese verlo todo con más claridad. Desde que su hermano lo había echado de la banda de death metal melódico que juntos formaron, todo se había desmoronado. Se sentía nadie sin subirse al escenario y tocar la guitarra para su público. Se sentía como un fantasma que, en vez de vivir, sobrevivía recordando cosas que ya no volverían. Y eso le estaba volviendo completamente loco.

Alieke no podía creerse la suerte que le había tocado esa mañana. 

Después de un fin de semana intenso en la Convención Internacional de Tatuajes en Londres,  regresaba a casa agotada de tanto tatuar.

Había entrado en el avión con deseos de sentarse y dormir, lo que nunca imaginó fue encontrarse que su asiento estuviese justo al lado del de ese hombre. Había engordado unos kilos, tenía barba de varias semanas y el pelo más largo y revuelto, pero ella reconocería esos ojos azules siempre. 

El hombre de pelo ondulado, largo y color anaranjado que estaba en el asiento contiguo al suyo, no era otro que Göran Jonsson, su guitarrista preferido. En cuanto contó las filas y los asientos, y sus miradas se cruzaron supo que lo de dormir iba a resultarle imposible. Un nudo de nervios se apoderó de su estómago y comenzaron a sudarle las manos. Más la valía pensar en sus dibujos y futuros tatuajes si no quería que la groupie a la que nunca había dejado salir cobrase vida propia durante el viaje.

Se sentó, esperó al despegue y cuando las bandejas del asiento de delante ya podían bajarse, sacó de su maleta la libreta que siempre llevaba con ella para dibujar. Lo mejor para no pensar en lo que no debía era centrar sus atenciones en otras cosas. Por ello comenzó a trazar líneas como posesa, a sombrear, a dar vida al diseño que le había prometido a Dann, su mejor amigo y ex novio. 

¿Puede una chica ser la mejor amiga de su ex novio? En el caso de ellos dos la respuesta era sí.

Göran estaba con los ojos cerrados e intentando relajarse. Percibía movimientos a su lado pero no quería mirar, no quería interesarse por lo que su acompañante tenía en el cuaderno que había cogido de la maleta. «Duérmete, Göran. No te importa lo que está haciendo» pensó. Intentó difuminar su curiosidad pensando en algo gratificante que le produjese placer instantáneo. Fue al pensar en la palabra placer cuando recordó una de las últimas noches de sexo salvaje que había disfrutado en su vida anterior.

«Una morena de piel blanca y pechos que nada tenían que envidiar a los de cierta Pamela, recorría su torso desnudo con la lengua, dejando a su paso burbujas de saliva ardiente. A cada lengüetada se iba aproximando un poco más hacia el centro de sus piernas, entre miradas pícaras que no dejaban mucho lugar a la imaginación. Recordó como succionó su glande con los labios apretados en una perfecta “o” y cómo segundos después lo mordisqueó juguetona para ponerle más cachondo aún, mientras masajeaba sus testículos como si fueran dos bolas de billar con las que jugar delicadamente...»

Cuánto hacía de aquello… No había acontecido ni un año pero para Göran parecían siglos. Su bragueta se tensó tanto que decidió abrir los ojos para contar las porciones de nubes blancas otra vez, como aquel que cuenta ovejitas imaginarias para relajarse. El algodón blanco se deslizaba tras la ventana, difuminándose al ser cruzado en dos por las alas del avión, y mientras observaba aquellas formas espesas la erección que había empezado a nacer bajo sus vaqueros se relajó, dándole una tregua.

Cuando todo volvió a la normalidad, la curiosidad pudo más que sus fuerzas y miró hacia su lado derecho. La mujer que tenía a su lado pincelaba con pulso frenético un lobo aullando a una luna envuelta en sombras. El dibujo desprendía un poder enigmático y fantasmal. Aquellos trazos le parecieron una alucinante obra de arte y no pudo evitar entablar conversación.

—Abres el cuaderno y dibujas…Haces que parezca fácil.

Ella lo miró muerta de la vergüenza y sonrió.

—Tan solo doy vida a lo que hay en mi cabeza.

—¿Y cuándo tu mente está vacía? ¿Cuándo estás bloqueada?

—Me relajo con la música que me gusta, «la tuya», salgo a pasear, observo, fotografío…

—¿Y si no consigues inspiración con nada?

—Entonces hay un problema mayor.

—¿Si? ¿Cuál? —preguntó Göran intrigadísimo.

—Quizá no tengas capacidad para crear.

Cabreado y sintiéndose un idiota por haberle preguntado, Göran la espetó:

—No tienes ni idea de lo que dices.

«Marimacho» pensó.

Se sentía estúpido, ninguneado. 

Quiso decirla que él si tenía capacidad para crear, que había sido catalogado el año anterior como uno de los mejores guitarristas de death metal del panorama actual, que había conseguido bastante éxito con la música que había creado para Asator, pero se lo pensó mejor y calló. No le daría a esa niñata la satisfacción de saber que su comentario le había hecho daño, así que se puso a mirar de nuevo por la ventana. Fue en ese momento cuando se percató de que el vuelo hacia Ámsterdam iba a resultarle más largo de lo que había pensado, y bufó.

Alieke percibió su malestar, recordó su mirada llameante de profunda ira cuando le espetó lo de la creatividad. Si sus ojos azules ya daban miedo por su fría forma de mirar, en ese momento la escarcha de sus ojos hubiera sido capaz de congelar hasta el elemento más ardiente sobre la faz de la tierra. Si no lo admirase tanto, tras esa mirada del joven hubiera cerrado el pico durante todo el vuelo, pero algo dentro de ella la decía que Göran no lo estaba pasando bien, y lo último que quería era verle abatido. La había gustado la sensación de cabrearle, pero no quería sentirle tan hundido, su conciencia no se lo permitía. De eso ya se había encargado el idiota de su hermano.

Dicen que la curiosidad mató al gato, y a Göran su curiosidad y las preguntas que bombardearon su mente al verla dibujar le provocaron un cabreo que estaba seguro tardaría varias horas en quitársele. Sin embargo la chica logró disiparlo.

—Tú has preguntado.

Él la miró escéptico, y después de pronunciar un lacónico “yeah”, volvió a mirar por la ventana.

La joven resopló y Göran se sintió triunfante. Pensó en su éxito. En cómo tras romperse la mano, su manager y mejor amigo, Björn, sorteó todas sus guitarras por Facebook, incluida su preferida. Seguro que el fan que la tuviese en su casa si valoraría su música, no como aquella listilla resabiada.

Se revolvió en su asiento al no coger postura. No podía dormir. No podía centrarse en nada, y encima estaba muy cabreado. Le encantaría gritarla que si tenía capacidad para crear pero que las musas de un tiempo a esta parte se le habían escondido y que necesitaba por todos los medios saber cómo volver a ser el mismo. 

Pero no quería montar un numerito en medio del avión y que encima alguien le reconociese, lo publicase en las redes y diera más que hablar. Como si no tuviera ya bastante. Ese tipo de cosas acabaría sepultando su ya de por si inexistente carrera.

Alieke, que era muy espiritual y sabía descifrar en los gestos y miradas de las personas, gracias a las enseñanzas de su madre que siempre la trataba como a una paciente de su gabinete de psicología, decidió darle un consejo e intentar así hacer las paces con él. Después de darle un toquecito en el hombro para que la mirase, le dijo:

—Si tienes capacidad para crear y ahora te sientes bloqueado, tan solo tienes que buscar el origen de ese bloqueo y dejarlo marchar. Eliminarlo de tu vida. No es fácil, pero es la única manera de empezar de nuevo y volver a crear.

Göran la miró fijamente a los ojos con aspecto más relajado, pero su mandíbula aun temblaba de frustración. Parecía que Alieke había abierto la caja de los truenos y que nada le reconfortaba. Ella temblaba, se moría de ganas por decirle que sabía quién era, que le admiraba un montón y que con el tiempo volvería a ser el de antes. Pero no se atrevió. No quiso quedar delante de él como una fan idiota sobrada de consejos.

—Gracias —pronunció el hombre con una mueca que pretendía ser sonrisa y que no logró dar brillo a sus ojos.

Göran pensó en el bloqueo. En su hermano y todas las putadas que le había hecho, y en su última discusión. Su mano atravesando el cristal de la puerta del salón que tenían en el local de ensayo. Pensó en el comunicado que éste le dio a los fans: «Sentimos comunicaros que Göran ha abandonado la banda por problemas personales. Agradece el apoyo a todos los fans. Nosotros intentaremos seguir hacia adelante y ya estamos buscando nuevos guitarristas. Un abrazo, Daniel.».

Un mentiroso de mierda, eso era su hermano. Todo lo que había ocurrido era culpa suya por su manía de arrebatarle las mujeres que realmente le gustaban, por no soportar que los fans le preferían a él siendo guitarrista que a su hermano siendo el cantante y voz líder de la banda. En cuanto veía que se encaprichaba de alguna chica, se metía por medio. Daniel no había tenido suficiente con quitarle a su primera novia durante la época del instituto, sino que después de coquetear con todas las tías que lo hacían caso, había decidido que el nuevo ligue de su hermano estaba durando demasiado para ser esporádico, y aprovechando su carisma y su físico, se había metido por medio. Tenía que haber golpeado su cara y no el cristal, y así no se hubiera destrozado la mano y al menos se hubiera quedado a gusto.

Al ver su semblante, una tristeza infinita se apoderó del corazón de Alieke. «¡Maldito sentido de empatizar con la gente!» pensó. Ya podía haber heredado otra cualidad de su querida madre, pero había adquirido esa sensibilidad emocional sobre desarrollada que la hacía tan especial a ojos de sus amigos. No le gustaba verle tan devastado por sus pensamientos. Pudiera ser que él mismo se lo hubiera buscado por su forma de vivir la vida, por algunas de las personas de las que se rodeaba, pero no podía evitar sentirse mal. Así que intentó que al menos por dos segundos dejara de pensar en eso en lo que estaba pensando y que tanto daño le estaba haciendo.

—Ánimo. Seguro que la creatividad vuelve a ti—le dijo guiñándole un ojo.

Göran fue incapaz de contestar. Cuando ya no esperaba más conversación la chica fue y le sorprendió. Asintió con la cabeza, mientras en su alma deseaba con todas sus fuerzas que las musas volvieran a tocarle con su inspiración y que todo volviese a ser como antes, o incluso mejor. Solo así lograría sentirse alguien de nuevo. Solo así conseguiría sentirse vivo otra vez.

Alieke siguió dibujando su lobo aullante hasta que el avión aterrizó en Ámsterdam. Después de coger su maleta, de sacarle una foto de extranjis a Göran y enviársela a su mejor amiga, Cathelijn, por WhatsAap, se despidió del joven con una sonrisa y salió del aeropuerto en busca de un taxi para irse a casa.

De camino a su ático en el centro de Ámsterdam, la mujer no pudo parar de pensar en su encuentro con Göran, en su mirada triste y perdida, en sus palabras. Deseaba con toda su alma que su guitarrista preferido volviese a los escenarios, necesitaba su música, pero lo que más quería era que volviese a sentirse bien, que no estuviese tan desubicado.

Hacía mucho tiempo que estaba desaparecido, que los medios musicales y las revistas no hablaban de él, que su página oficial no se actualizaba, y ella lo había tenido justo al lado. En vez de decirle que lo admiraba, le había provocado un cabreo monumental. Las palabras torpe e idiota se quedaban cortas para definirla en ese momento pero ella solo quiso hacerle reaccionar. Eso tendría que valer ¿no?

Göran caminaba hacia la salida del aeropuerto para encontrarse con su gran amigo: Björn. Después de visitar a su otro mejor amigo en Londres, Joel Gallagher, iba a quedarse una temporada con Björn y su ex mujer y ahora mujer de nuevo, Evelijn.

Una diseñadora de ropa de lengua viperina a la que tenía que reconocer que adoraba un montón, porque bajo esa piel de diablillo era todo corazón. Aunque él intentaba por todos los medios que no se le notara y que ella pensara que no la quería tanto como lo hacía. Si se paraba a reflexionar fríamente, solo les tenía a ellos tres. Aunque soñase con encontrar una mujer para él, en el fondo sabía que eso era algo que no podría tener, o al menos era algo que siempre le habían hecho creer.

No encontraría a nadie mientras sus fantasmas le recordasen que no lo valoraban como merecía en su familia, que su hermano siempre sería el mejor en todo y que él tendría que mendigar las sobras. No mientras él se sintiese un perdedor. No mientras sus demonios le recordasen las veces que había entregado su corazón y se lo habían partido en mil añicos.

—¿Quién va a querer a alguien como yo? —pronunció bajito mientras tiraba de la maleta gris para encontrarse con su amigo—. Si ni siquiera me quiero a mí mismo.

«Estoy vacío. No tengo nada para entregar…Estoy roto» pensó abatido.

Con esos pensamientos tan negativos salió del aeropuerto intentando encontrar algo de aire fresco con lo que llenar sus pulmones y coger fuerzas. Sabía que tenía que luchar, renacer de sus cenizas para volver a empezar. Ya había desperdiciado un año de su vida en diferentes países, intentando relajarse y no enfrentarse a sus miedos, y no podía alargarlo mucho más. Pero no sabía cómo hacerlo, no se sentía con fuerzas.

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