CAPITULO 3 DE ALAS DE TINTA y VACACIONES

¡Queridos readers!

Aprovecho la actualización de un nuevo capítulo de mi historia por entregas ALAS DE TINTA, para despedirme del blog, y de vosotros, hasta Septiembre.

Aviso que es un capítulo mucho más largo de lo normal, pero tenéis todo el mes para leerle :-)

Para los edspistados, os dejo los enalces de las dos primeras partes, por si queréis empezar la historia:

http://rebekaoctoberwriter.blogspot.com.es/2016/07/alas-de-tinta.html

http://rebekaoctoberwriter.blogspot.com.es/2016/07/capitulo-2-de-alas-de-tinta.html

Me cojo todo el mes de agosto para desconectar, porque mis cervicales necesitan un respiro y todos andamos de vacaciones. Pero tranquilos, saldré en busca de inspiración para nuevas historias, no creáis que voy a estar parada. La libreta y la cámara de fotos se vendrán a todas aprtes conmigo.

Además para entonces espero traeros nuevos artículos, y quizá, si todo sale bien y según lo hablado, nuevos proyectos y/o colaboraciones. Pero no depende solo de mí, aunque a mí me encantaría que tomase forma.

Sin más dilación, os dejo una nueva entrega de Göran y Alieke.

¡Seguid disfrutando del verano junto a los vuestros!

¡Un abrazo y mil gracias por estar ahí, al otro lado!




CAPITULO 3: Mariposas

Un día después, Göran madrugó para acudir al estudio de tatuajes “Angel Tattoo”, y saber si podían atenderle.

Cuando cruzó el umbral de la puerta, una rubia preciosa vestida con una camisa blanca de botones, una falda negra de cintura alta y tacones de vértigo, al más estilo  pin-up, le recibió con una sonrisa amable. Parecía una bailarina o una modelo, y su sangre ni siquiera se alteró. Empezaba a tener un problema muy serio, porque en su vieja etapa no hubiera dudado en lanzarse y tirarla los trastos.

Le dijo que acudía de parte de Evelijn Atkinson, y su sonrisa se ensanchó todavía más. Le hizo un esbozo del tatuaje que le dejó totalmente anonadado. «A ver si durante mi estancia en esta tierra se me pega algo de creatividad» pensó.

Quedaron en que le tatuarían al día siguiente porque uno de los clientes había cancelado. Cuando precio y cita estuvieron acordados se marchó con ganas de que llegara el día siguiente. 

Cathelijn le reconoció en cuanto le miró a los ojos. Hacía años que su amiga tenía colgada en el estudio una fotografía que se sacaron juntos en una firma de discos, y estaba cansada de verla a diario. Aun así la fiereza de sus pupilas la dejó totalmente atontada. Su amiga lo iba a flipar. Después de lo que le había contado la tarde anterior a su regreso de Londres, de su conversación en el avión y de lo mal que lo había visto, iba a tener una oportunidad de charlar más con él que estaba segura de que la vendría muy bien para quedarse más tranquila.

¿De qué le conocería Evelijn? ¿Sería amigo de Björn?


Alieke se levantó de la cama en cuanto sonó el despertador. Se duchó, se preparó un café bien cargado y lo devoró junto a unas tostadas dulces mientras pasaba la hoja del calendario de la saga: Juego de Tronos, colgado en la pared.

Con ese nuevo amanecer, acontecía un nuevo mes. Octubre. El otoño ya comenzaba a estar presente en las calles. Un montón de hojas arrugadas se habían desprendido de sus ramas en los árboles y ondeaban con una lentitud hipnotizante. 

Las nubes grises teñían el cielo dándole al río Amstel un aspecto aún más oscuro. La gustó pensar que al menos durante la noche, el puente de Magere Brug pincelaba con su luz radiante aquella parte del río. Era lo que más le gustaba de vivir a escasos metros del puente de madera blanco. Vivía en el centro, lo tenía todo a mano y podía admirar esa genialidad cada día de su vida. Ya quisieran muchos de los turistas que antes de regresar a sus países se compraban postales del puente iluminado, tener aquellas vistas cada vez que salían a la calle o miraban por la ventana del salón de su casa.

Aquella mañana decidió vestirse con un top negro adornado con encaje floral en la parte trasera, sin mangas y con un corte casual que dejaba sus costillas casi al aire. Como sujetador se puso un top banda con relleno de color negro, y eligió unos vaqueros de pitillo que estaban desteñidos y un poco rotos por algunas partes. La única prenda incomoda que se permitió fueron unos zapatos de tacón de 12 centímetros de estampado de leopardo rojo a conjunto con su color de labios.

Se alisó el pelo con las planchas, se delineó los ojos de color negro y salió disparada para no llegar tarde. Tenía al menos tres tatuajes que le ocuparían toda la mañana.

No había terminado de cruzar el puente blanco en dirección al estudio, cuando un mensaje de móvil capturó su atención. Era de su amiga Evelijn.

«¿Te acuerdas de que Björn tenía un amigo que iba a venir a casa unos días? Pues pronto le conocerás…Necesita unas mariposas…¡Trátanosle bien! :-) Besitos»

Qué pequeño era el mundo. El amigo de Björn acudiría a que le tatuase esa mañana. «¿Será guapo?» fue lo primero que pensó Alieke. Si lo era la mitad que Björn seguro que sí, porque el marido de su amiga era todo un galán. Alto, musculado, de facciones marcadas, con un pelo negro rizado que ya quisieran muchas chicas para ellas, y con ese carácter protector que provocaba que cualquier mujer se derritiera tras sus pasos. 

Aunque un poco tontito a veces, no le encontraba otra explicación a que hubiera permitido que su mujer se alejase de él y se cerrase en ella misma tras el aborto que había sufrido. Al menos había sido inteligente y luchó de nuevo por ella hasta recuperarla.

Cuando llegó al estudio, se lo contó a Cat y su amiga la sonrió antes de decir:

—Todo está conectado. 

Mientras tatuaba a su primer cliente no pudo evitar pensar en qué habría querido decir su rubia favorita con aquellas palabras de que todo estaba conectado. 


Göran llegó al estudio de tatuajes a las 11 de la mañana. Estaba sentado en el sofá de cuero rojo de la sala de espera, cuando Cathelijn le indicó que era su turno. Dejó la revista de tatuajes sobre la mesa de cristal y se levantó para conocer a su tatuador. Su sorpresa fue máxima cuando vio frente a él a la joven del avión. 

Casi no la reconoció. Despojada de la cazadora, el palestino y las botas, Göran se encontró con un cuerpo fibroso, de pechos pequeños pero bien puestos, y unas largas piernas subidas a unos tacones de vértigo. En esos momentos su soldadito rugió demostrándole que aquella mujer no tenía nada de chicazo. Parecía que su mejor arma tan solo estaba un poco confundida. «¡Anda que no tintinear con la rubia pin up de pechos sugerentes y sí con la radical de pechos pequeñitos…! » pensó.

Cuando Alieke vio quién era su nuevo cliente casi se desmaya de la impresión. Miró retadora a su amiga que no pudo ocultar su sonrisa burlona.

—¿Eres la chica del avión? Soy Göran.

—Sí. Alieke, encantada.

—¿Tú eres la tatuadora?

—¿Tienes algún problema con ello?

—No. Es que por el nombre del estudio pensé que era un hombre quien tatuaba.

—Lo de Angel es en un sentido más espiritual. ¿Comenzamos?

—¡Si, claro!

Le mostró el camino hacia la parte del estudio dedicada al tatuaje. Más privada y separada de la zona del salón de espera y de la pequeña tienda donde vendían los vestidos y corsés diseñados por Evelijn, por un gran tabique de piedra adornado con un arco.

Lo mandó sentarse medio tumbado en una camilla y posar el brazo en un pequeño taburete, mientras ella iba preparando las diferentes agujas y tintas que iba a utilizar.

Göran aprovechó que estaba de espaldas a él para admirar su figura con más detenimiento, y al ver las alas que decoraban su espalda al completo, entendió el nombre del local. «Quiero esas alas» pensó. Sorprendiéndose a sí mismo al preguntarse si se refería a tatuárselas o tener las de la joven entre sus brazos.

Miró hacia los lados en un intento de relajarse y descubrió que le encantaba la decoración sencilla de la habitación. 

Su mesa de cristal para diseñar cerca de la ventana, el biombo de estrellas de cinco puntas colocado cerca de la pared, que imaginó que sería para cuando los clientes se tatuasen ciertas zonas más privadas. Se respiraba un aura limpia en aquella habitación. Siguió revisándolo todo cuando se topó con algo que no esperaba. Una foto de la joven con él en una de sus firmas de discos.

Al girarse para colocar las tintas sobre la mesa de metal donde aguardaba la máquina preparada, Alieke vio que los ojos de Göran reposaban sobre la foto de ellos dos juntos años atrás.

—De haber sabido que mi cliente eras tú, la hubiese quitado. No quiero traerte malos recuerdos.

—No todos son malos recuerdos. Viví momentos grandiosos encima del escenario y fuera de él.

La joven sonrió.

—¿Me reconociste en el avión?

—¡Por supuesto! Desde que cruzamos miradas y te saludé.

—¿Por qué no me dijiste nada?

—Porque no he sido una fanática desquiciada nunca. Y si te lo hubiera dicho, no hubiera parado de hablar sobre tu música y lo que significa para mí, y hubieras querido lanzarte del avión en pleno vuelo. ¡No lo podía permitir!

Göran sonrió, y se sorprendió a si mismo con la amplitud de su sonrisa.

—Hubiera estado bien que me lo dijeras… Y yo cabreado porque no supieras quién era…

Ella sonrió y se sentó en su silla mostrándole el diseño terminado. Él dio el visto bueno, y ella plasmó la calca del diseño sobre su brazo tras imprimirlo con el transfer.

—Y si me reconociste ¿por qué me dijiste que quizá no tenía capacidad para crear? Se supone que sabes que la tengo.

—¿La verdad? —preguntó Alieke.

—¡Claro!

—Te percibí tan perdido y tan negativo, que busqué hacerte reflexionar: cabreándote. Para que sacarás el genio.

—¡Lo conseguiste! –la espetó.

—Me di cuenta —contestó guiñándole un ojo.

El meneó la cabeza mientras otra sonrisa lo dominaba y le agradeció su último consejo.

—No hay de qué.

Tras una sonrisa amable, la mujer le preguntó por los colores de las mariposas y por si sabía cómo quería rellenarlo.

—Mariposas negras y moradas. 

—¿Por qué las mariposas?

—Porque quiero ocultar las cicatrices de los malos momentos con algo que me haga renacer, que me recuerde lo bueno vivido.

—Me gusta su significado.

—Evelijn pensó en meter al diseño unas gotas de sangre como simbolizando la lucha en el acto de renacer, pero no sé...

—¡Quedaría genial! Y los colores escogidos también. Yo añadiría algunas en color naranja, por las mariposas Monarca. Además creo que le daría más viveza al tatuaje y no quedaría tan sombrío.

—Tú eres la artista, lo dejo en tus manos.

—¿Puedo dejar mi mente volar?

—Será todo un honor tener en mi brazo parte de tu imaginación.

Alieke asintió mientras intentaba que no se la notase su turbación. 

Por dentro estaba envuelta en un manojo de nervios, en su estómago bailoteaban mil mariposas como las que iba a dibujar en su piel. Jamás pensó que lo tendría tan cerca, aun así sacó entereza y comenzó a tatuar. Echó un poco de vaselina en la piel de Göran, y tras pulsar el pedal, la máquina rugió y la aguja de delinear impregnada en tinta negra trazó las primeras líneas. 

 Los minutos en el reloj siguieron aconteciendo sin pausa y sin prisas, dándoles la oportunidad de conocerse y de descubrirse. Mientras la mujer delineaba las siluetas de unas mariposas de aspecto oscuro pero mágico, hablaron de la convención de Londres, de la firma de discos de Barcelona tras la cual se sacaron aquella foto, de las cicatrices de Göran. 

Él aprovechó la charla para repasar los tatuajes que la chica llevaba en los brazos. 

Uno de ellos estaba decorado en la parte superior con flores de loto y de cerezo, y en la parte inferior cobraban vida una geisha y un samurái. Cuando reparó en el brazo derecho se encontró con un precioso cuervo, el rostro de Edgar Allan Poe genialmente perfilado, y las mariposas negras y moradas que había podido observar cuando estaba de espaldas. Lo que nunca imaginó fue que en el antebrazo derecho, bajo el brazalete de leopardo que llevaba bajo el codo, la joven llevase tatuada una réplica de su guitarra favorita con Asator: su preciosa guitarra Dean decorada con relámpagos y el Mjolnir de Thor. No pudo evitar que algo extraño invadiera su estómago al verlo. 

—Llevas mi guitarra tatuada…

—Sí, me la tatuó un amigo de España.

—De todas mis guitarras, ¿por qué esa?

—Porque la gané en el sorteo que tu manager hizo cuando te marchaste de Asator.

Aquello sí que no se lo esperaba. Recordó sus pensamientos del avión y no pudo evitar sonreír al darse cuenta de que se había equivocado demasiado con ella. Comenzaba a creer que aquel refrán que dice que las apariencias engañan, era de lo más acertado con ella. No solo no era el chicazo que él había pensado al verla tan tapada, sino que además de admirar su música, le valoraba y tenía su guitarra.

—Me alegra que la tengas tú. Pero dado que eres amiga de Evelijn no sé si habrá habido tongo…

—¿Tongo? ¡No te entiendo!

Göran vio su cara confundida y se dio cuenta de que la joven no tenía ni idea de que quién era su mejor amigo.

—Björn es mi manager, aparte de mi mejor amigo.

Alieke levantó la vista, sorprendida, mientras su pie dejaba de apretar el pedal.

—¿En serio? ¿Nuestro Björn? Osea… ¿El Björn de Evelijn?

—¿No te lo ha dicho nunca?

—Björn y yo nos hemos visto solo un par de veces…Siempre ha estado viajando…sé que es abogado…—comenzó a atar cabos.

—Supongo que Evelijn no quería descubrirse…lo mismo su amiga acababa siendo una groupie acosadora de la banda y tampoco sería justo…

Alieke se carcajeó.

—Te lo tienes muy creído ¿no?

—Nah, todo fachada…

—Si de verdad fuese una groupie me hubiera lanzado a tus brazos en el avión ¿no crees?

—Hubiera estado bien…Dicen que hacerlo en los servicios a tanta altura es alucinante…

—¿Dicen? ¿O eres tú quién lo ha experimentado?

—Eso nunca lo sabrás…

Alieke volvió a carcajearse y siguió delineando los perfiles de las mariposas, comenzando a dar vida a un fragmento de tinta que cada mañana al despertarse le mostrase que podía seguir adelante. Al menos eso era lo que significaban para ella cada uno de los tatuajes que llevaba en su piel. Un trocito de gustos y de sueños de donde sacar las fuerzas cuando el día amanece demasiado gris tras la ventana del alma, aunque en la calle resplandezca un sol radiante.

Göran sonrió. Aquella vez era la primera que conocía a una chica que no se había acercado a su mundo para llegar a él.

—¿Y de qué conoces a Evelijn?

—Íbamos al mismo colegio. Cat y yo siempre congeniamos muy bien con ella. Y al crecer seguimos en contacto porque nos movemos por los mismos ambientes creativos.

Mientras Alieke tatuaba sobre su piel, hablaron sobre creatividad, sobre sueños, sobre las caídas y las levantadas a las que todo ser humano se tiene que enfrentar durante su existencia. Sobre lo que la música de Göran había significado para ella. 

El hombre sabía que los fans lo admiraban, que lo valoraban, pero lo que jamás pensó fue que la prepotente del avión no solo conocía su música, sino que sus canciones, sus melodías y sus letras, la hubieran salvado de perderse en la oscuridad.

Göran comenzó a sentirse distinto. 

Desde su viaje a Londres y su conversación con su amigo Joel, había viajado a Ámsterdam con la idea de poner en rumbo su vida, de empezar de nuevo aunque sus dudas y miedos lo atormentasen a cada suspiro de sus labios. Y ahora que había conocido a Alieke, empezaba a sentir cierta envidia sana por su capacidad para crear. Llevaba un año en blanco, y había sido conocer a aquella mujer y saber que lo admirase, para que el gusanillo de la creatividad volviera a tintinear bajo su sangre. Se suponía que aquello era algo bueno, pero sin embargo el hombre pensó que quizá entonces al enfrentarse a esas ganas por crear se diese cuenta de que estaba roto y de que ya jamás podría ser el músico que años atrás fue.

Desde que la joven le contó lo de su guitarra y lo que su música significaba para ella, Göran sintió la necesidad de volver a ser el hombre que ella admiraba. 

Se sentía nadie cuando no estaba sobre el escenario, es algo que les sucede a todos los músicos. Como si después de estar en la tierra de los sueños volviese a la dura realidad donde nada era como él quería que fuese. Un año sin tocar una sola cuerda, sin componer canciones, sin dejar su arte nacer, era mucho tiempo. Y se sentía realmente vacío desde el momento en el que todo se fue a la mierda. No solo su carrera como músico había sido sepultada, sino que además se sentía un fracaso como hombre. Su vida no era vida en esos momentos.

Göran iba a confesar como se sentía al respecto, cuando Cathelijn entró en el estudio para avisarla de que Dann estaba fuera, y Alieke le preguntó al joven si su amigo podía entrar. Göran contestó afirmativamente, pero cuando lo vio cruzar el umbral de la puerta empezó a arrepentirse de su respuesta.

Entró un joven rubio de ojos azules, alto y de músculos marcados, y el ego masculino de Göran se resintió. Aquel joven parecía un guerrero nórdico con tatuajes y su cara de facciones aniñadas lo confería de un aire delicado que ya quisieran muchos modelos masculinos. La camiseta de tirantes que llevaba dejaba al aire la parte superior de su pecho y parte de sus costillas, mostrando toda la tinta que decoraba su piel. Por no mencionar el aura que desprendía a su alrededor cada vez que sonreía.

Lo saludó con la cabeza y se acercó a Alieke que en ese instante dejó de tatuar, y se quitó los guantes negros de latex para levantarse y poder darle un beso en los labios que dejó a Göran, totalmente flasheado.

Cappucino y Red Velvet para mi chica favorita —la susurró entregando una pequeña caja de papel decorada con esqueletos.

Alieke le sonrió y le ofreció un trozo de cupcake a Göran que declinó la oferta con la mano. «¿Eran celos lo que había sentido al ver como el joven la agarraba por la espalda para aproximarla a él y besarla?» Si Björn hubiera estado allí le habría dicho que tan solo era su ego masculino malherido por semejante tiarrón.

—No le creas nada, a mí también me ha dicho lo mismo —interrumpió Cat.

—Pero tú eres mi hermana.

—Y ella tu ex novia y mejor amiga. ¿Por qué no se los regalas a la fotógrafa? ¿A ella también le dices que es tu chica favorita? —espetó Cathelijn.

Por nada en el mundo quería que Göran pensara que entre su hermano y Alieke había algo. No le habían pasado desapercibidas las miradas del joven hacia su mejor amiga cuando los había observado minutos antes a escondidas, y quería que no hubiese ningún tipo de malentendido. Su cabecita no paraba de maquinar travesuras y estaba segura de que Eve le echaría una mano.

Alieke comenzó a reírse y Göran sintió como su mandíbula se relajaba. Hasta ese momento no se había dado cuenta de que sus músculos se habían tensado ante las demostraciones de cariño y miradas de Dann y la joven.

«¿Si es su ex novia y mejor amiga, por qué narices le ha besado en los labios?»

El gesto de Dann se torció tras las palabras envenenadas de su hermana. Y Göran pensó que era de lo más normal que ambas se llevasen tan bien con Evelijn, porque tenían su mismo sentido del humor. Ácido y retorcido.

Dann las miró con gesto triste y lastimero, poniendo morritos como los niños pequeños después de haber realizado alguna trastada a sus padres, implorando compasión. Algo que al músico le resultó de lo más gracioso viniendo de un hombre que tenía más o menos su edad, grande y musculado, tatuado casi al completo, con dilataciones en las orejas y un diamante blanco a cada lado de los túneles negros huecos. 

—He hecho todo lo que me habéis dicho y no hay manera. En cuanto nos quedamos solos más de cinco minutos, huye…

—Te ducharás antes de verla ¿no? —dijo Cat partiéndose de risa.

Dann la miró cabreado.

—¿Has probado a darla celos? —preguntó Alieke.

—Celos. Indiferencia. Simpatía…—explicó muy serio.

—¿Quizá es lesbiana? ¿Quieres que pruebe yo? —le propuso su hermana.

—¿Y que por un casual acepte y se líe contigo? —le preguntó—. ¿Tú que quieres…joderme el ego de por vida?

Göran les miró perplejo. Jamás hubiera pensado que a Cathelijn le gustasen las chicas. Su radar definitivamente estaba totalmente estropeado.

Cat alzó las cejas una y otra vez mientras sonreía, y su hermano con gesto muy serio, le dijo:

—Ni acercarte, ¿de acuerdo? 

Pasados unos segundos, pareció como si se lo hubiese pensado mejor, y la dijo que quizás, pero después se negó de nuevo. Algo que les hizo sonreír a los otros tres que estaban pendientes de sus reacciones. 

—Ella se lo pierde. Eres un hombre increíble —se sinceró Alieke provocando nuevos celos en Göran—. Un poco putón pero increíble.

—Guapo, simpático, una bestia en la cama… —dijo Dann enumerando lo que él creía que eran sus cualidades—. Romántico, detallista…

—Prepotente, descarado, demasiado bohemio y taciturno a veces —le recordó su hermana cortándole el rollo.

—Ese es mi lado de artista. Descarado sí, lo admito ¿Pero prepotente? —preguntó.

—¿Poco modesto? —Le espetó su hermana.

—¡De eso nada! —protestó como un crío enfadado—. Realista, hermanita, realista.

—¡Ja! —le contestó la rubia pin up sacándole la lengua.

Göran se partió de la risa con esa conversación. Y Alieke le secundó. 

—Puede que la intimides. Tienes una personalidad arrolladora y quizá sea una chica tímida… —propuso Alie.

Dann se quedó pensativo mientras devoraba un trozo de cupcake y se bebía parte de su capuccino.

—¿Siempre están así? —preguntó Göran pidiéndola un sorbo de café.

—Sí. Ahora ya sabes porqué adoro el momento Cupcake-Café.

—¿Viene siempre?

—Cada quince días. Nos ayuda con algunos diseños más artísticos y rebuscados. Es un genio.

Aquello último marchitó el poco ego que le quedaba intacto a Göran. Hacía rato que le había hecho sentir que él era un semidios, y aunque no sabía el motivo no quería compartir ese adjetivo con el joven. Cathelijn, siempre tan perceptiva, le dio un golpe a su hermano en el brazo y dijo en alto:

—¿No te suena a nadie, Dann?

—Le estoy mirando y…

Su hermana le hizo mirar la fotografía que reposaba colgada en la pared sobre el escritorio de Alieke, y Dann dijo:

—¡Ostia, tío. Eres Göran!

Él joven sonrió extendiendo su mano para saludarlo formalmente. «Ya era hora de qué se presente» pensó el sueco.

—Göran Jonsson, encantado.

—Dann Bakker, igualmente—y le estrechó la mano con fuerza antes de sincerarse—. Eres un dios de la guitarra, tus melodías y esos shreds que te marcas son increíbles…

—Muchísimas gracias, tío.

—Sé de alguien que esta noche no va a pegar ojo por haberte tatuado —dijo divertido mirando a Alieke.

Göran se sonrojó de los pies a la cabeza, y susurró:

—Ya será para menos.

—De eso nada. Eres su ídolo, tío —habló mientras tiraba el vaso de plástico del cappuccino del Starbucks a la papelera—. Aunque parezca que está relajada, por dentro se está muriendo de los nervios… ¿Verdad, Cat?

Cathelijn solo sonrío y Dann continuó:

—Te lo digo yo. No hace más que hablar de ti, de tu maestría a la guitarra, tus perfectas letras, tus fantásticas melodías.

Cuando su mirada se cruzó con la de Göran, el chico la guiñó un ojo y las mejillas de Alieke se arrebolaron. Toda su sangre se alteró hormigueando bajo la piel de su cuerpo. 

Cathelijn y Dann sonrieron entre miradas cómplices y Alieke les cortó lanzándoles una mirada envenenada antes de decirles que el descanso había terminado.

—Oye ¿Por qué no te vas con tu hermana a mirar los diseños, guapito? —dijo simulando enfado.

—¡Lo que tú mandes, jefa! —espetó burlona Cat.

Y mirando a su hermano, dijo: Creo que has hablado de más. A lo que el chico contestó con gesto desganado de sus manos.

—Os dejamos solos. Bonito tatuaje, tío. Encantado.

Tras estrechar las manos de nuevo con Göran, y darle un beso en la mejilla a Alieke, se marcharon a la zona de recepción y la joven siguió con su trabajo. 

Pasados unos minutos, su curiosidad como fan pudo más que ella y acabó preguntándole si tenía pensado volver a tocar, volver a formar una banda. 

—No he vuelto a tocar desde que me rompí la mano...Solo de pensarlo, tiemblo. No he vuelto a crear. Estoy bloqueado…—explicó muy bajito con la mirada totalmente perdida.

Göran no paró de darle vueltas en su cerebro a todos los sentimientos que pugnaban por salir de su interior. Él confiaba en muy pocas personas, solo con Björn y Joel sentía esa necesidad de abrirse. A Evelijn la quería un montón, confiaba en ella, pero si no era con Björn delante le costaba mucho hablar de sus temas privados con ella, aunque cuando se ponía en plan maruja siempre accedía y se desahogaba con ella, la verdad era que le daba vergüenza mostrarse vulnerable frente a las mujeres. Pero le gustaban las contestaciones de la mujer, aunque no siempre fuesen lo que él quería escuchar ni llegasen de la forma en la que él desearía que le hablaran. Eve se reía mucho de él, demasiado, pero le gustaba charlar con ella.

Göran no estaba acostumbrado a dejar que una mujer viese en él más allá del papel que se había inventado. Aquellas féminas que habían formado parte de su vida al final solo habían visto al guitarrista, al hombre del escenario; por más que él había intentado que lo vieran de otra forma. Por ese motivo hacía tiempo que se había prometido no volver a confiar en ninguna mujer, no sincerarse con ninguna, permitirlas únicamente ver lo que él quería que vieran, nunca su interior. Sus preocupaciones y sus sentimientos eran terreno vedado.

 Sin embargo algo dentro de él le susurraba que podía confiar en aquella chica, y se sorprendió a sí mismo queriendo narrarle a aquella joven lo que le fustigaba por dentro. Fue como si la viera como a un hombre con el que hablar, aunque tenía que admitir que cuando la miraba detenidamente de arriba hacia abajo, las reacciones de su mejor arma no eran las que tendría frente a alguien de su mismo sexo. Cerró los ojos y tras suspirar profundo decidió permitir a su corazón que hablase, ante una perpleja Alieke.

—Quizá algún día vuelva a ser ese hombre que todos admiran…—dijo con gesto afligido.

—Ya lo eres.

—Yo creo que no...

Alieke con su corazón a mil por hora y un deseo desconocido por hacerle entender, dejó la máquina sobre la mesa de metal consiguiendo que él volviera a la realidad y la mirase.

—Como una de tus mayores fans y como alma creativa, te digo que lo eres. 

Göran meneó negativamente la cabeza y Alieke continuó:

—Que estés pasando una mala racha no quiere decir que no seas un genio. No sé lo que pasó con tu hermano, ni el significado real detrás de ese escueto comunicado que dieron, ni de toda la basura que él se ha dedicado a echarte encima durante este último año en las entrevistas que ha dado…ni me importa realmente.

»Lo único que sé es que eres uno de los mejores guitarristas del mundo para muchas personas, un genio a las cuerdas y a la composición. Has escrito letras magníficas con las que muchos nos hemos sentido identificados y eso nadie lo va a poder ocultar por mucha mierda que traten de difundir. Aunque los tiempos sean grises y estés bloqueado o te sientas perdido…Eres lo que eres, tienes tu propia esencia…

Después de las palabras de la joven, Göran se quedó mudo. No supo qué decir. Su alma estaba demasiado confusa, demasiado dañada. La miró con un “gracias” infinito en su mirada, y haciendo caso a su cerebro y a su corazón, su boca dijo:

—Pero me siento vacío…

—Todos nos hemos sentido así alguna vez. Siento decirte que no eres único en ese aspecto. Sin embargo tu creatividad está ahí. Tu don, tu arte, están dentro de tu alma esperando a que te deshagas de las sombras.

—Visto así parece que tengas razón.

—Siempre tengo razón —dijo jocosa la chica.

—¿Siempre?

—Siempre.

Ante aquellas respuestas Göran no pudo hacer otra cosa que dejarse llevar y sonreír a carcajadas, con tantas ganas que por fin el brillo de su sonrisa consiguió iluminar sus glaciales ojos azules, haciendo que el corazón de Alieke temblase de miedo.

El músico sintió que algo se liberaba dentro de su interior.

Era como si una parte de él hubiese estado presa de unas cadenas invisibles por mucho tiempo y en esos momentos comenzara a querer volar en libertad. Reflexionó en silencio mientras Alie cambiaba de agujas, y rellenaba unos pequeños botecitos transparentes con tinta de colores, y en el fondo de su corazón nació un pensamiento. 

Quizá estuviese escrito en su destino que aquella joven con alas de ángel en la espalda se tuviese que cruzar en su camino para ayudarle con sus palabras a ver las cosas de diferente manera. En esos instantes en los que él había decidido que ya era hora de renacer y de dar pasos hacia un nuevo rumbo, la llegada de la joven había resultado un soplo de aire fresco.

—Me encantan tus alas…Lo mismo te pido que me las tatúes.

—Es un diseño mío. Me lo tatuó un amigo de Barcelona al que siempre visito. Si te animas, yo encantada.

—¿El mismo que te tatuó mi guitarra? 

—El mismo… —dijo la joven sonriendo.

Tras esas palabras comenzó a deslizar suavemente la aguja Magnum, que había escogido para rellenar, sobre la delicada y blanca piel de Göran. Rellenar y sombrear el contenido de un diseño es la peor parte para el cliente, porque al escozor habitual hay que sumarle el número de agujas dispuestas en dos hileras. Las shaders están formadas por al menos nueve cabezas diferentes en una sola aguja, a modo de pincel plano, lo que provoca que el dolor del tatuaje aumente y que muchos de ellos tiemblen solo con verlas. La sangre brota con mayor facilidad y a la tinta le cuesta mucho más impregnar la piel, de ahí que los músculos del cuerpo comiencen a tensarse a su paso.

Coloreó unas mariposas de color púrpura y otras de color naranja, para después sombrear de negro las demás, mientras decidió que ella también le abriría su corazón. 

—Yo cuando lo he pasado mal, también me he sentido perdida y vacía. Mis mejores amigos me hicieron ver que seguía siendo yo. Que mi lado de artista seguía intacto esperando a que mi letargo pasara.

—¿También te traicionó alguien de tu familia?

—Me traicionó quien yo consideraba, por aquel entonces, el hombre de mi vida… —explicó la joven—.Y me sentí caer en un pozo sin fondo.

—¿Dann?

—No. Él es mi ex novio y mi mejor amigo. Lo dejamos de mutuo acuerdo porque empezamos a salir muy jovencitos.

—Ajám… —farfulló el joven sin atreverse a preguntar más, aunque en realidad se moría por saber quién había sido ese hombre.

Alieke terminó el diseño en silencio. Ninguno de los dos volvió a hablar de sus vidas privadas, en un intento de asimilar todas las palabras que habían bailado con su eco en aquella diáfana habitación. 

Tan solo las miradas y las sonrisas cobraron vida entre el zumbido tan característico de la máquina en funcionamiento. La tatuadora pintó algunas sombras que le daban un aspecto siniestro y enigmático al tatuaje y que proferían a las mariposas de cierto movimiento. Le añadió las gotas de sangre como Evelijn había aconsejado y dibujó un montón de estrellas de cinco puntas antes de darle el toque final con diferentes notas musicales alrededor del diseño. Como si estuviesen bailando sobre un pentagrama invisible, como si con cada aleteo de las mariposas nacieran pequeñas notas de melodías estridentes.

—Me gustan esas notas musicales.

—Para que no se te olvide nunca lo que eres para algunas personas…

Göran la miró fijamente sintiéndose en una nube, y Alie, mientras limpiaba los rastros de sangre y de tinta, sentenció: 

—Y para que la creatividad nazca con el aleteo de estas mariposas.

Jamás olvidaría a aquella joven. 

Lo supo en el mismo instante en el que ella embadurnaba con vaselina su diseño antes de tapárselo. Después de sus consejos, de todas sus palabras, algo hizo clic en su interior. Mientras la joven miraba orgullosa su obra de tinta, él la observó sin que ella se diese cuenta y fue entonces cuando vislumbró que aquella rubia de aspecto radical en su vestimenta en el fondo desprendía un aura muy limpia y delicada. Esa cualidad en las personas era algo a lo que él no estaba muy acostumbrado.

—¿Nos volveremos a ver? —preguntó el hombre con cierto sentimiento de añoranza.

—Ya sabes dónde encontrarme —contestó la joven enigmática.






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