CAPITULO 4 DE ALAS DE TINTA

¡Queridos lectores!

Llegó septiembre, y después del parón vacacional, vuelvo a los miércoles de fragmentos de esos manuscritos que están perdidos en la inmensidad del ordenador. Criando polvo...

O lo que es lo mismo...

Regresa ALAS DE TINTA. ¿Os acordáis? ¿Habéis leído los primeros capis?

¡Para despistados!

http://rebekaoctoberwriter.blogspot.com.es/2016/07/alas-de-tinta.html

http://rebekaoctoberwriter.blogspot.com.es/2016/07/capitulo-2-de-alas-de-tinta.html

http://rebekaoctoberwriter.blogspot.com.es/2016/07/capitulo-3-de-alas-de-tinta-y-vacaciones.html


¡Ya me contaréis qué os va pareciendo la historia!

¡Un abrazo!



CAPITULO 4: Buscando un camino

Göran llegó a casa de Evelijn y Björn, después de haber dado un paseo por los canales cercanos a su apartamento.

Salió del local de tatuaje con ganas de pensar. Intentó dilucidar un camino que seguir a partir de entonces. Göran sintió una vieja sensación en la boca de su estómago. Había algo en aquella mujer que le hacía sentirse bien, y a la vez que le resultaba extraño. Como si con sus miradas amables fuese capaz de cicatrizar sus heridas una a una.

Cuando entró por la puerta y se enfrentó a las miradas de sus amigos, percibió cierto brillo en los ojos de Evelijn.

—¿Cuándo te la describí…tú sabías que era ella?

La mujer solo sonrió aunque por dentro tenía miedo de que se enfadara con ella, de que se sintiera traicionado o algo semejante, pero Göran la tranquilizó. Lejos de enfadarse, el joven la abrazó y la dio las gracias. Algo que no pasó desapercibido para su mejor amigo, que lo miraba como si un extraterrestre hubiera bajado a la tierra y se hubiera posado frente a él señalándolo con un dedo amenazador.

Después de ese escueto “gracias” y de una muestra de cariño que no dejaba entrever muy a menudo,  Göran se curó el tatuaje y se refugió en su cuarto de invitados, y permaneció allí encerrado mientras escuchaba música en su Ipod y le daba vueltas a la cabeza.


En los días siguientes no paró mucho por casa. Regresaba por la noche para dejar vía libre a los recién casados. Se pasó las horas haciendo turismo, paseando por los diferentes parques de la ciudad, mirando como un idiota las tiendas de instrumentos musicales sin atreverse a entrar.

También aprovechó los paseos diurnos para comprar ropa o detalles para sus amigos: a Björn le compró una nueva cazadora de cuero y para Evelijn eligió un colgante de una cereza con una calavera en su interior a conjunto con dos pendientes con el mismo diseño.

Se aferró a las palabras y consejos de sus amigos, a todo lo que le había dicho aquella desconocida a la que no se podía quitar de la cabeza. Quería cambiar, darle un giro a su vida, comenzar de nuevo, renacer de sus propias cenizas para sentirse bien consigo mismo otra vez.

Aunque siempre había tenido algunos complejos debido a su infancia, la música era parte de él, y en esos momentos comenzó a verlo todo con otros ojos. Cuando tocaba y creaba se olvidaba de todos sus problemas, encontraba su lugar en el mundo. Sin la música todo se desmoronaba, su mundo no tenía sentido.

Cuando no estaba sobre el escenario sentía que se quedaba en la mitad, pero al menos sentía. Y desde hacía un año era solo un cuerpo que se movía entre la infinidad de la materia, sin lograr momentos memorables que recordar, y fue al reflexionar cuando se dio cuenta de que ya no podía seguir así. Había gente que lo admiraba y solo por eso tenía que luchar aunque le flaqueasen las fuerzas.

Una de esas mañanas, mientras caminaba por las diferentes calles mezclándose con los turistas, pensó en cómo hacer frente a su peor miedo: no ser capaz de volver a tocar. Sabía que tendría que afrontarlo en algún momento, y por ello decidió ir a tatuarse las alas y pedirle a Alieke su antigua guitarra. Sintió la necesidad de ver a la joven, hablar con ella, porque sabía que le entendería y que sus sentimientos fluirían sin ataduras a su lado.

Como no se atrevía a pedirla un café, prefirió la tinta.


Cuando se presentó en “Angel Tattoo”, Cathelijn sonrió nada más verle. Sus súplicas mirando al cielo habían cobrado efecto y el guaperas de ojos azules y pelo anaranjado había vuelto. Cuando su querida Alieke le había contado que le había hablado de la posibilidad de tatuarse sus alas, la pin up de cuerpo escultural había implorado a las estrellas por su regreso.

—¡Buenos días, Cat!

—¡Buenos días! ¿Cómo tú por aquí?

—Quería preguntar si había algún hueco para tatuarme las alas que lleva Alieke, en la espalda, en estos meses…

—Uff, para un tatuaje tan grande…¡no creo! Estamos a reventar…

La joven vio como algo se marchitaba tras los ojos de Göran y enseguida se apresuró a decir:

—Pero espera que hablo con la jefa y te digo…—le explicó mandándolo sentarse en el sofá de cuero rojo.

Cathelijn entró a la sala de tatuaje y avisó a Alieke de que Göran estaba fuera y de que quería tatuarse las alas.

—No tenemos hueco…Ningún cliente ha llamado para cancelar… —dijo Cat.

Alieke se lo pensó, y pidiéndole permiso al cliente que la mantenía ocupada en esos instantes, salió para discutir con su amiga los detalles. No era la primera vez que hacía horas extras por algún amigo extranjero con el que no podía fijar horarios, o por clientes exclusivos, y su guitarrista preferido bien merecía ese calificativo.

Ordenó a Cat que le concertase un día en el que tendría varios tatuajes pequeños, y que le diera horario para después del cierre. Que acordasen el precio y el tamaño del diseño para no perder tiempo el día prefijado.

Y sin poder evitarlo, salió a la sala de espera para saludarlo y decirle que le harían un hueco. En cuanto la vio, se levantó como si el asiento del sofá le quemara y se aproximó a ella.

—¡Hola guapo! —lo recibió la joven con dos besos en las mejillas.

—¡Hola preciosa! Venía a pedir cita para las alas pero estáis a tope…

—No te preocupes. Tras el cierre te puedo tatuar...

—¿Seguro?

Alieke asintió y la sonrisa de Göran se ensanchó tanto que pareció el gato Cheshire en la obra Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll.

Tras acordarlo todo con Cathelijn después de que Alie volviera para seguir tatuando una geisha en la espalda a su cliente, el músico sueco salió del estudio contento y con una sensación de euforia en su interior.

Los nervios y las ganas de volver a verla fueron en aumento a cada paso pronunciado y eso era algo que no le sucedía con una mujer desde hacía mucho tiempo. No eran solo ganas de sexo, sino de otro tipo de proximidad y eso no debía sentirlo.

Aunque no iba a engañarse a sí mismo, de sexo también. Su pene rugió bajo sus pantalones nada más verla, reclamando una atención tiempo desatendida. Parecía que a esa parte de él tampoco le había pasado desapercibido el modelito de la joven, que aquella mañana había decidido ataviarse con un vestido de leopardo rojo ceñido a sus curvas y tacones altos de color negro. Y eso que cuando llegó a Ámsterdam, después de ver a Cat el primer día en la recepción del estudio y no sentir nada pensó que los seis meses de sequía sexual que llevaba era porque tenía algún problemilla…

Parecía que su entrepierna estaba cansada de rolletes de cuerpos esculturales y quería probar a una mujer normal, que supiera ver en él algo más que a Göran, uno de los mejores guitarristas en el mundo del death metal melódico.




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