CAPITULO 5 DE ALAS DE TINTA

¡Queridos readers!

A continuación os dejo el siguiente capítulo de Alas de Tinta.

¿Qué os está pareciendo la historia? ¿Os gustan Alieke y Göran?

¡Un abrazo!


CAPITULO 5: Alas de tinta



Llegó el día del tatuaje y Göran estaba más nervioso que de costumbre. Sentado en el sofá de cuero de la recepción, miró a la pared pintada de plateado sin fijarse en nada. No paraba de mover las manos y de golpear el suelo con los pies como si estuviese marcando el ritmo de una melodía sentado a la batería.

Cuando Alieke salió a despedir al último cliente, Göran la percibió antes de que llegara. El rastro floral que dejaba su perfume, Loverdose Tattoo de Diesel, parecía que se había quedado grabado en sus fosas nasales de sus anteriores encuentros, aunque el segundo hubiese sido demasiado fugaz.

—¡Hola! —la dijo antes de abrazarla.

—¡Hola guapo! ¿Qué tal?

—Bien. Preparado para volar… —bromeó con ella.

—Pues pasa y ponte cómodo, que nos vamos directos al paraíso…—comentó burlona guiñándole un ojo.

Aquello fue demasiado para la mente de Göran. Después de varios meses sin estar con una mujer, y de haber vivido diferentes encuentros sexuales a cada cual más variopinto con jóvenes de las que ni siquiera recordaba su nombre, las palabras de ella hicieron que se la imaginara desnuda para él en varias posiciones, suspirando su nombre.

Alieke organizó sobre la mesa de metal todo lo necesario para el nuevo diseño de Göran, mientras Cathelijn la ayudaba calcando el diseño en su espalda para que se mirara en el espejo. Una vez que todo estuvo preparado, lo mandó sentarse a horcajadas sobre una silla con respaldo, para que su espalda quedase frente a ella.

No era la primera vez que lo tatuaba, pero aquel diseño no tenía nada que ver con las mariposas. Era mucho más complicado y a eso debía sumarle las sensaciones de hormigueo que se arremolinaban por todo su cuerpo. No era lo mismo tatuarle un antebrazo, que tenerle en vaqueros ajustados, sin camiseta y a escasos centímetros de su cuerpo.

Tan solo llevaba un par de líneas del perfil de las alas, cuando decidió deshacerse de su nerviosismo hablándole. Era la única manera que veía de deshacerse de todos los pensamientos que estaban agolpando su cabeza. Y lo mismo le sucedía al músico, que cada vez que sentía las caricias de Alieke para estirar su piel y que la aguja delineara los contornos perfectamente, sentía una presión en su entrepierna que si no fuera porque estaba de espaldas a ella y con la camiseta arrugada sobre sus piernas no hubiera podido ocultar tan bien.

Hablaron de los rincones de Ámsterdam que había estado visitando los días pasados. Los diferentes canales, la plaza Damm, el Palacio Real, los diferentes museos y los parques naturales, e incluso había acudido a la Heineken Experience a conocer la fábrica de cerveza. Le confesó que le había encantado recorrer la ciudad al anochecer, porque tenía un gran ambiente, y que las vistas de los canales y de algunos puentes iluminados le habían resultado muy bonitas, sobre todo la del Magere Brug.

Alieke sonrió y Göran se lo tomó como si ella ya estuviera acostumbrada a esas vistas, y él solo fuese un turista admirando algo inusual.

—Seguro que estarás tan acostumbrada a ver esa iluminación que pensarás que soy idiota.

—Para nada. Llevo años viviendo aquí, y el Magere Brug iluminado dotando de reflejo al canal, es de las mejores vistas de Ámsterdam. Me siento muy afortunada de poder contemplarlo a menudo.

—¿Vives cerca?

—En un ático justo en frente. Lo veo desde mi salón.

—Guau…Entonces lo cruzas cada mañana para venir a trabajar.

—Exacto.

El joven sonrió y de nuevo se hizo el silencio entre los dos.

Göran se sorprendió a sí mismo pensando cómo sería ver el puente iluminado desde las ventanas de la casa de Alieke, cuando toda la ciudad estuviese en calma y el silencio abrazase cada calle mientras el agua del canal se balancease con su trasiego.

Al evocar la imagen del puente y la solemnidad de la noche aconteciendo sin prisas, un hormigueo olvidado, se apoderó de sus dedos. Cerró los ojos intentando apagar el impulso eléctrico que le hizo pensar en tocar, en sostener la guitarra sobre sus piernas y acariciar las cuerdas de metal haciendo presión con sus yemas hasta magullarlas.

Sin premeditarlo, se vio hablando en alto, rompiendo el silencio y confesándole a Alieke que esos días atrás había decidido un montón de cosas sobre su futuro más inmediato.

—He decidido que es hora de comenzar a luchar.

—No esperaba menos de ti…—se sinceró la joven con su tono de voz armonioso y sincero.

—Lo primero que quiero hacer es alquilar algún apartamento o habitación, para dejar solos a los tortolitos recién casados. No quiero influir en su nueva luna de miel perpetua. Cada dos por tres les pillo besándose o comenzando a…

Alieke no pudo evitar deshacerse en carcajadas. Se imaginaba a su amiga Evelijn buscándolo con la mirada mientras Björn la besaba, sintiéndose incómoda por tenerlo en casa y no poder dejarse llevar.

—Así que si sabes de algún lugar que pueda alquilar o algún cliente te dice algo, estaría genial que me avisarás.

—Ajám. Perfecto. Si me enteró de algo le mando un mensaje a Eve. ¿Y la segunda cosa que has decidido es?

Göran sonrió y retrasó unos segundos su respuesta. La joven había preguntado intrigada dejando entrever que quizá él le fuese hablar de su futuro musical, y él sabiéndolo se hizo de rogar unos minutos.

Después de matarla con su silencio y respiraciones serenas, pronunció:

—La segunda es que quiero enfrentarme a mi mayor miedo.

—Saber si eres capaz de volver a tocar.

—Te pareces a Björn, tú también sabes leerme la mente o ¿qué?

—Siento decepcionarte, aunque soy muy intuitiva todavía no he llegado a poseer ese don —contestó mientras seguía dando vida al ala izquierda en la espalda de piel tibia y musculada de Göran.

—Quiero volver a tocar, a componer. Quizá montar una banda nueva… Pero para eso aún queda mucho. Primero tengo que comprarme una guitarra.

—Si quieres te dejo la que gané en el sorteo.

—¿Eso quiere decir que me invitas a tu casa?

Ella rió y después le contestó:

—Eso quiere decir que te la traigo al estudio y te pasas a recogerla.

Göran chasqueó la lengua decepcionado, mientras la miraba de reojo. Algo que sacó todos los colores a Alieke y la dejó totalmente indefensa ante su mirada impactante de tono azul grisáceo.

La joven sintió como todo su ser comenzaba a arder más y más a cada latido acelerado de su corazón. Apretó fuertemente los dedos sobre la máquina de tatuar y respiró hondo expulsando todo el aire. Al respirar, su suspiro profirió un escalofrío en la espina dorsal de Göran que ella ni percibió al estar demasiado preocupada con su mente divida entre el diseño que estaba realizando y los sentimientos que él hacía que sintiera.

En ese instante el joven supo que no le era indiferente y que no estaba tan calmada como intentaba aparentar. Al final iba a tener razón su ex, y tatuar a su guitarrista preferido la ponía nerviosa. «O tal vez soy yo quien la pone nerviosa, y no el Göran guitarrista…» pensó.

Saberse un poco triunfador le animó a lanzarse y tratar de coquetear con ella. Hacía mucho tiempo de la última vez que había utilizado sus técnicas de ligoteo pero necesitaba saber hasta dónde podía llegar con aquella rubia de sonrisa angelical.

A mitad del tatuaje, Alieke paró y pidieron unas hamburguesas para cenar. Göran invitó como compensación por hacerla trabajar horas extras y ella no le dijo que no.

Estaban dando cuenta de la comida cuando él la explico:

—Sé que estas alas me ayudarán a tener fuerzas para empezar. Por eso he decidido tatuármelas.

—Es un diseño que lleva mucho trabajo, al menos cuatro sesiones para quede perfecto, pero es muy gratificante el significado que conlleva y seguro que te impulsan.

—Por mi culpa estás haciendo horas extras.

—No importa, no es la primera vez que lo hago con clientes exclusivos y amigos.

—Apenas me conoces y has hecho una excepción conmigo.

—¡Por supuesto! No todos los días tengo el honor de tatuar a mi guitarrista preferido.

Göran sonrió y se sintió en la más alta de las nubes.

La mujer no se equivocó cuando le dijo que iban de viaje directos al paraíso. Al menos así se sintió él en aquellos momentos. Un paraíso donde los sueños volvían a ser algo factible, donde las quimeras rondaban cerca y donde las ganas de luchar comenzaban a gritarle dentro de la sangre.

Y es que a veces basta con que nos rodeemos de las personas adecuadas para volver a brillar aunque sea de a poquito.

—Yo decidí tatuármelas durante unas vacaciones en España para ver a mi familia, y cada mañana cuando me las veo al mirarme en el espejo, sé que aunque me flaqueen las fuerzas tengo algo dentro que me ayudará a levantarme.

—¿Tienes familia en España?

—Sí. En el Norte. Mi madre es española y mi padre holandés.

—¿Y te llevas bien con tu familia? ¿Tienes hermanos?

—Me llevo muy bien con mi padre, con algunos conflictos con mi madre pero la quiero un montón, supongo que como en todas las familias. Y no, no tengo hermanos, pero tengo a Dann y Cathelijn. A veces son más familia aquellas personas que tú eliges que las que comparten línea de sangre contigo.

—Esa es una gran verdad… —dijo el hombre quedándose pensativo y reflexionando sobre sus padres y su hermano. Demasiada hipocresía aunque a momentos jugasen a ser la familia perfecta. La realidad no tenía nada que ver con la farsa que aparentaban.

—¿Cuándo te tatuaste las alas?

—Hará unos dos años. Después de dejarlo con la persona con la que estaba, necesitaba algo que me ayudase a caminar.

—Siento escuchar eso.

—No lo sientas. Soy de la opinión de que las cosas suceden por algo, y que hay cosas que es mejor que sucedan lo antes posible, así cada cual puede seguir con su vida.

Göran vio dolor en sus ojos, dolor con pinceladas de una profunda tristeza. Por dentro estaba ardiendo en ganas de preguntarla sobre el tema, quería saber quién era el tío que la había hecho tanto daño para poder partirle todos los huesos del cuerpo uno a uno, pero por otra parte no soportaba verla triste, le gustaban demasiado sus sonrisas…

—¿Emprendemos el vuelo? —la susurró el sueco cerca del oído, para que regresara de esa parte del pasado en la que él le había sumergido con sus comentarios.

—Vamos a ello —sonrió la joven, tirando a la basura los restos de las bolsas de comida y las servilletas, y poniéndose los guantes de latex de color negro después de lavarse las manos en el pequeño lavabo que había en un baño en el lateral de la sala.

Horas después, cuando Alieke terminó de delinear el ala izquierda, le embadurnó la espalda con vaselina para hidratarlo y se lo tapó. Mientras le ayudaba a ponerse la camiseta entre muecas de dolor de Göran al estirarse, el hombre aprovechó para tontear y quizá así hacerla sonreír.

—No creo que puedas dormir mucho esta noche. Si te duele demasiado tómate un antiinflamatorio. Te vendrá bien.

—O un buen masaje y buena compañía…—le propuso el joven burlón.

—Seguro que encuentras alguien que te ayude con eso. Sino ya sabes que puedes acudir al Barrio Rojo…

—Y yo que pensé que mi fan número uno podría estar dispuesta…

Alieke después de deshacerse en carcajadas, intentando silenciar la sangre que la hervía por dentro y sacando fuerzas de donde no las tenía, le dijo:

—Que sea una gran fan no quiere decir que sea una groupie…Creí que ya te había quedado claro…

—Touché… —dijo Göran tocándose el corazón como si lo hubiera apuñalado.

Alieke volvió a sonreír sin poder evitar perderse en sus preciosos ojos. Aunque la pregunta que no dejaba de hacerse desde que lo tuvo frente a ella en el avión, era si había algo en ese hombre que no le pareciese bello. Porque hasta sus miedos y dudas le hacían verle como un hombre único y especial. Por no hablar de esa aura que desprendía que provocaba que todo enmudeciera a su paso, como si fuese un dios o un ángel bajado del paraíso para disfrute de los simples mortales.

Estaban apagando las luces del estudio cuando el móvil de Alieke sonó con la entrada de un mensaje:

«Estoy llegando, besos, Dann»

Alieke guardó su Iphone 5c azul en el bolsillo de su cazadora de cuero con tachuelas, mandó salir a Göran para activar la alarma, y bajó la persiana metálica.

—¿Te acompaño a casa? —le preguntó recordando que vivía no muy lejos, cerca del Magere Brug que estaría precioso iluminado en la noche.

—No hace falta. Pasan a recogerme ahora…

—¿Cathelijn?

—No. Ella tenía show de burlesque esta noche y después había quedado. Es Dann, se viene a pasar el fin de semana a mi casa.

Aquello el joven no lo esperaba, como tampoco vio venir los celos que aguijonearon su estómago hasta que los tuvo revoloteando bajo su abdomen como si acabaran de arrearle una buena y certera patada.

El claxon de un coche tintineó entre el silencio que se había instaurado entre los dos, anunciando la llegada del metrosexual tatuado.

Alieke se despidió de Göran con un abrazo y una suave caricia en el lado de la espalda que le había tatuado, y le volvió a aconsejar lo de la pastilla para el dolor tras desearle un buen fin de semana, antes de meterse en el Volgswaven Golf de color gris.

Le dio un beso en los labios a Dann, y ambos saludaron a Göran despidiéndose de él con la mano cuando el coche avanzó hacia el apartamento de la chica.

El músico sueco se quedó plantado en la acera, solo. Con un vacío en su interior que no era capaz de descifrar, y con un montón de dudas, preguntas y miedos aflorando en su alma dispuestos a hacerle caer de nuevo.

Es triste cuando los sueños se sienten posibles al estar con alguien, y después al esfumarse de nuestro lado esa persona parecen convertirse tan solo en cenizas volátiles frente a nuestros ojos. Cenizas densas y pesadas que acaban chocando contra el suelo implantando dosis de realidad. Al menos eso había sentido Göran cuando ella se marchó con su ex. Tristeza. Y es que cuando no nos sentimos fuertes y estamos en proceso de evolución, cualquier piedra en el camino, cualquier contratiempo, nos hace tambalearnos. Caer. Perder.


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