CAPÍTULO 11 y SEGUNDA PARTE DE LA NOVELA

¡Queridos lectores!

Hoy vengo generosa y os voy a regalar dos capítulos. Porque son cortitos xD

El último de la primera parte de ALAS DE TINTA, y el primero de la segunda. Se avecinan cambios :-) Y veréis que son capítulos de transición, pero seguro que sabéis "leer entre líneas".

¡Espero que os guste! Alieke y Göran van a sufrir turbulencias...

¡Un abrazo y gracias por estar siempre ahí!



CAPITULO 11. Recuerdos


 Meses después


Pasaron los meses en una apacible rutina en la que Alieke y Göran se vieron sumergidos dentro de su propia burbuja. Se fueron conociendo, descubriendo, sintiendo y a ambos les pareció que aunque el mundo seguía girando tras las cuatro paredes que les cobijaban, dentro del apartamento de Alie a momentos todo sucedía más despacio, a cámara lenta, para después acelerarse a los pocos segundos dejándoles atontados.


Confidencias del pasado, a media voz y acurrucados, una necesidad física de la que parecía que nunca estaban saciados, clases de guitarra, anillos protectores, colgantes simbólicos, dibujos e inspiración musical…


Alieke terminó las alas en la espalda de Göran, tatuándoselas los fines de semana y en algunos ratos libres, y la obra de arte de tinta y piel quedó perfecta. Göran sintió que no le fallarían las fuerzas mientras pudiera mirarse a un espejo y ver cada centímetro de su piel decorada.


Alie no dejó de sonreír con fuerza, tenerlo a él en su vida fue más de lo que había esperado obtener de su existencia, y pronto comenzó a sentir cosas por el hombre de mirada fría y sonrisa amable. Era imposible no hacerle un hueco en su corazón, cuando ya lo había tenido mucho antes de conocerse en persona. Al fin y al cabo había sido la música creada por el hombre, junto a la de las otras bandas que la entusiasmaban, la que la había salvado de sus demonios demasiadas veces. 


Göran siguió avanzando en su meta de volver a ser el mismo hombre que había sido en el pasado. Poco a poco, la música comenzó a formar parte de su vida de nuevo. Consiguió crear nuevas melodías, incluso algunos de los párrafos que después se convirtieron en poderosas letras para futuras canciones. Fabricó nuevos recuerdos a los que poder volver en el futuro y se sintió afortunado por encontrar su lugar en el planeta. 


No solo compartió momentos de sexo salvaje y sonrisas despreocupadas con la rubia sino que dedicó algunos momentos de tranquila quietud a enseñarla a tocar la guitarra. No fue hasta tiempo después cuando se percató del valor de aquellos días que aparentemente no eran gran cosa.


Al reflexionar tiempo después se dio cuenta de que cada segundo con ella, cada gesto y cada detalle hacia ella habían sido la manera que había tenido su subconsciente de conseguir que cuando no estuviera lo echase de menos.


Cuando ella visionara su guitarra colgada en la pared se acordaría de todas las tardes a media luz y de los anocheceres que habían pasado juntos en el cuarto zen, en silencio, mientras las manos de ambos agarraban el mástil de la guitarra, y Alieke con dedos temblorosos intentaba marcar algunas notas, mientras sentía el calor de los dedos largos y finos de Göran, sobre sus manos.


No solo aprendió algunos acordes, sino que él le habló de los armónicos y de los arpegios y de cómo convertirlos en los riffs y solos que tanto la gustaban, e incluso la explicó como tocar algunas técnicas de púa que tanto la hechizaban cuando estaba bajo el escenario y disfrutaba de las noches de metal extremo en directo de las bandas que más le gustaban. Göran la regaló, sin pretenderlo, un montón de recuerdos inolvidables que cobrarían vida en el momento más inesperado, aunque él estuviese a miles de kilómetros de distancia de ella y Alieke pensase que ya lo había olvidado. 


Ninguno de los dos volvió a ser la misma persona que eran antes de conocerse. Aunque ambos intentaran no pensar, no claudicar ni dejarse arrastrar por los recuerdos y la añoranza, algo se había desfragmentado dentro de su corazón. Los hilos del destino estaban entrecruzados y nada podían hacer al respecto.


El destino había decidido unirlos para que juntos se reconstruyeran.


Alieke volvió a su rutina, a su día a día en el estudio de tatuajes. Centrada en su trabajo le era más fácil no atormentarse al pensar en el sueco. Sin embargo al regresar a su casa, era como si las paredes se ensancharan y su apartamento se hiciera más grande.


Temblaba. Lo extrañaba. Echaba de menos su voz grave, sus sonrisas, su cuerpo, sus caricias. Pero entonces su nota de despedida, escueta y fría, aparecía en el fondo de su mente y gruñía. 


Le sobraba sitio, le faltaban sonidos, sonrisas, y mucha luz. Porque aunque Göran se pensase que había logrado cumplir su papel perfecto de hombre despreocupado y de frío y oscuro corazón, ella había sabido leer tras sus pupilas. Y no podía evitar reconocer que el hombre había dejado un hueco demasiado grande e imposible de llenar con nada ni nadie, aunque ella lo intentase. 


La luz de sus sonrisas había iluminado todas y cada una de las paredes de la casa, y Alieke no podía evitar pensar en la diferencia de tonalidades ahora que él no estaba a su lado. Su rutina le parecía un paisaje gris, repleto de niebla, donde el sol siempre era ocultado por las nubes, donde los sueños estaban cada vez más lejos y la soledad cada vez más cerca.


Göran regresó a pasar las navidades con su familia a Suecia. 


Después se metió en el estudio de grabación junto a Björn y los músicos que habían elegido para formar su nueva banda, y se dejó abrazar por esa nueva etapa de su vida con ilusión y muchas ganas.


Intentaba no echar la vista atrás, aunque cada vez que Björn hablaba con Eve por teléfono, su corazón le traicionaba y le recordaba Ámsterdam. Recordaba a la preciosa rubia con la que había convivido, con la que había experimentado tantas cosas que no había sentido nunca con nadie que solo de pensarlo le entraban ganas de vomitar por la angustia. 


La tranquilidad que le había brindado vivir con ella, la intensidad de cada momento juntos, las sonrisas de la joven y las suyas propias, y la lucha que había llevado a cabo para renacer de sus propias cenizas. Una lucha en la que la mujer le había inspirado para poder pronunciar los pasos marcados sin miedos, sin fantasmas. Tanto que sabía que el camino que había recorrido no hubiera sido el mismo sin ella. Le debía mucho.


Él había ganado su propia batalla, y saber que ella había sido su ángel de la guarda le dejaba un regusto de sabor amargo en el paladar y le encogía el corazón cada vez que no alzaba lo suficiente las barreras de sus pensamientos.


Cuando él llegó a la ciudad de Evelijn había implorado por nuevos recuerdos mientras miraba el agua balanceante de los canales, y ahora, meses después, los tenía y no por ello las cosas eran más fáciles.


Todo lo contrario. La distancia le estaba marchitando, consiguiendo que la luz dentro de su corazón se enturbiara también. Y entonces se refugiaba en las nuevas melodías. Las repasaba una y otra vez hasta que las yemas de sus dedos acababan agrietadas al paso de las cuerdas.


Sangraba, pero le daba igual. Tocaba. Y volvía a tocar. Tarareaba cada nota. Intentaba llenar cada fragmento de palabras. Probaba distintas combinaciones de versos. Todo lo que fuera con tal de no dejar a su mente ni un segundo libre para imaginar.
2ª PARTE: GIRA




CAPÍTULO 1. Angels of Desolation



Tras la salida del disco llegó el momento de presentarlo frente a los fans.


Esos seguidores que a pesar de todo lo sucedido y de su año sabático, habían estado esperando aquel momento con ansias de escuchar a su guitarrista preferido con su nueva formación.


Göran había decidido bautizar a su banda con el nombre de “Angels of Desolation”. Había surgido como una chispa en su cabeza, después de una conversación con Alieke en la cocina del apartamento de la joven.


Ella le había dicho que él era un ángel que, aunque llevaba mucho tiempo perdido en la oscuridad, podría renacer de sus cenizas cuando quisiera porque tenía mucha luz en su interior que mostrar con su música.


Por un instante, tras verse reflejado en sus ojos, Göran se vio a sí mismo como un ángel caído y de alas rotas, que junto a un precioso serafín, con el tiempo lograba emprender vuelo otra vez y sobrevolar un mundo destrozado pero no destruido del todo.


Por ello aquella noche en la que tuvo claro que sería justo así como llamaría a su futura banda, le pidió que dibujara en la parte trasera de su guitarra unas alas para que fuera el logo del grupo.


Ella aceptó encantada, y desde entonces él guardaba esa Caparison como el mayor de lo tesoros obtenidos. Hacía un año que sus dos guitarras favoritas habían sido subastadas. En aquellos momentos tenía otra guitarra preferida que no sortearía en la vida. Pasase lo que pasase. 


Tocar con aquella guitarra no solo le ayudó a perder el miedo a que sus tendones no volvieran a funcionar, sino que siempre que la tuviese entre las manos le ayudaría a seguir en pie, a no venirse abajo tras las palabras de su hermano, a no dejarse contaminar por los rumores en las revistas ni en los canales de Youtube, ni por las entrevistas en las que su hermano se había dedicado a echarle más mierda encima. 


Después de convencer a Björn para que además de manager fuera el cantante de su nueva banda, de contactar con los músicos que había conocido durante sus viajes y en los que había pensado para formar su nueva aventura desde hacía mucho tiempo, después de muchos meses de arduo trabajo, de composiciones, ensayos, grabaciones, rompederos de cabeza, entrevistas, conversaciones, ahora todo ese estrés se traducía en un nuevo trabajo que presentar y del que según Björn podían estar todos muy orgullosos, pero sobre todo él. Porque había hecho un gran trabajo, todos habían logrado un gran álbum, pero había sido la cabeza del sueco la artífice de cada cimiento, de cada melodía, cada letra.


Göran vio como con el vértigo de la expectación se le fueron pasando los días. Entre nervios, sonrisas, punteos de guitarra, gritos de sus fans, copas de celebración, euforia. Volvió a ser el que un día fue. Uno de los mejores guitarristas de death metal melódico del momento.


Sin embargo, a cada viaje en autobús, en cada vuelo de un país a otro, después de cada concierto, durante la canción Angel of Desolation, no podía evitar acordarse de ella. Y entonces ya no era el mismo Göran del pasado. El antiguo Göran no pensaba en ninguna mujer, simplemente bebía la vida a suspiros entrecortados, a sorbos grandes. Hoy con una y mañana con otra. Y aunque a momentos ese Göran aparecía, en su corazón había un nombre que no podía olvidar.


Pensaba en ella, en la mujer que le había ayudado a salir del pozo negro en el que se encontraba cuando llegó a casa de su mejor amigo y de Evelijn. Aunque la mente no quisiese, el corazón siempre ganaba la batalla.


Durante la grabación del disco había estado en contacto con Alieke, se mandaban mensajes aunque habían resultado demasiado fríos, y aquello junto a esos tatuajes que resplandecían en su piel, le ayudaban a luchar por sus metas y sueños son titubeos, sin temblores. 


Sin embargo con el paso de los días y los meses se habían distanciado. Él había dejado de llamarla porque ella no había mencionado el recuerdo en madera que había fabricado para ella, como si no le hubiera costado nada pintar aquel dibujo con rotulador, como si no le hubiera costado un triunfo abrirle su corazón. Ella había dejado de mandarle mensajes de texto porque él no había vuelto a llamarla y no quería molestarle durante la grabación.


Por más que sus hilos del destino se habían entretejido en el mismo tapiz, ellos se habían dedicado a distanciarse, a marcarse otras metas, otros anhelos, otros sueños. A intentar acallar las ausencias.


En uno de sus viajes de la gira por EEUU, al pagar la comida que acababa de comprar, encontró en su cartera el colgante con la púa que se habían regalado mutuamente y el anillo de nudo celta con el que Alieke le había obsequiado. Había llevado ese anillo durante todo el proceso de grabación para no perder de vista sus objetivos. Después, durante el periodo de promoción y gira, se lo había quitado. 


— Es señal de protección para los pueblos celtas — recordó que le dijo Alie—. Así cuando lo lleves no solo estarás protegido sino que te recordará el camino hacia tus sueños.


Tras un suspiro volvió a su realidad y forzó a su mente a no seguir pensando en el pasado. Ella ya no estaba en su vida y él tenía que seguir, mirando al frente, sin regresar atrás.


Sin embargo, durante la actuación cuando llegaba el momento de tocar en directo “Angels of Desolation”, la canción que daba nombre a la banda y al primer disco, su corazón se atascaba en su garganta y él se ponía nervioso. Tocaba con dedos temblorosos.


Desde la primera nota, sus pulsaciones se aceleraban y sus latidos se volvían erráticos. Era su canción, la canción de Alieke, la que le prometió una tarde en su estudio de tatuajes, la que fabricó en su habitación zen, la que le mostró después de un polvo tan romántico como desenfrenado sobre la alfombra.


Cuando ella vio las fotos promocionales, no encontró ni rastro ni del anillo ni del colgante con la púa y la media ala de ángel. Fue en ese momento cuando supo con total seguridad que él había pasado página. El viejo Göran reinaba bajo los focos de colores.


Pero al menos la quedaba todo lo vivido junto a él y una preciosa canción que sabía que iba dirigida a ella. Aunque aquella información no constase en ninguna parte. Una canción que hablaba de dos ángeles caídos que juntos observaban su mundo en cenizas con la esperanza de volverlo a construir.


Pasaron las semanas, se sucedieron las fotos en las redes sociales, las entrevistas para distintos medios de comunicación. Cuando Alieke leyó una de esas entrevistas, sintió como su corazón se rompía en mil pedazos.


— Salí solo de la oscuridad. No necesité a nadie. Tan solo centrarme en mi sueño y pelear por él, y cuando estuve preparado llamé a Björn y le comenté mis ideas. Y aquí estoy. Con ganas de darlo todo en este nuevo proyecto.


No la nombraba, no nombraba nada relacionado con los meses que pasaron juntos. Ni que ella era la autora del logo de la banda, ni nada.


Aquello la dolió, la marchitó el alma tanto que se sintió desbordada por sus sentimientos. Se pasó el fin de semana llorando, abatida, sin ganas de hablar con nadie.


Solo dibujar la alivió un poco la tristeza. Pero a cada trazo tumbada en la alfombra del cuarto zen, se acordaba de él, de las tardes de confidencias, de las clases de guitarra, del sexo salvaje que siempre les dominaba. 


Cuando llegó aquel lunes que amaneció como otro cualquiera, se maquilló y tras una mirada al espejo del baño se prometió a sí misma que no volvería a mirar las redes sociales de la banda. Ya había escuchado el disco, ya se había aprendido las canciones, cada riff, cada solo, cada golpe de la batería, cada palabra pronunciada por Björn. Pero Angels of Desolation estarían vetados desde entonces en su reproductor musical y en el vestuario de su armario.


Algo muy dentro de ella se quebró al leer aquella entrevista y su corazón ya no volvió a ser el mismo.


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