CAPITULO 8 DE ALAS DE TINTA

¡Queridos lectores!

Lo primero quería daros las gracias por acompañarme cada miércoles en esta aventura de Alieke y Göran. Gracias por todos vuestros mensajes, tanto en redes como en privado, para decirme que os encanta esta historia y que necesitáis leer más, que la espera se os hace eterna...

¡Vuestras palabras son el mejor regalo!

Aquí tenéis el capítulo siguiente. Estoy trabajando mucho para continuar la historia y corregirla, pero si notáis cualquier fallo no dudéis en avisarme ;-)

¡Un abrazo enorme!

CAPITULO 8: Welcome home                 


Cuando llegaron a casa de Alieke, después de cruzar el puente Magere Brug y sonreírse al recordar su antigua conversación, Göran se encontró con un apartamento que emanaba paz y tranquilidad en cada rincón.

El recibidor de la entrada, el paragüero, el perchero y las cazadoras que había en él, cada mueble y detalle decorativo del salón, todo estaba en el lugar exacto en el que tenía que estar. Nada más entrar supo que a Alieke le encantaba tener las cosas en orden, bajo control, para que nada alterara su espacio vital. Muy distinta a él que era un poco desastre y fan del desorden. En ese instante no pudo evitar desear no acabar de patitas en la calle en los días próximos.

Al voltearse para ojear las paredes del salón que estaban pintadas de color plata, los ojos del hombre se encontraron con su antigua guitarra y algo se removió en su interior. Alieke al reconocer los sentimientos que podían estar acribillándole tras sus pupilas, decidió enseñarle la casa al completo para que no pensara.


—¿Un tour por mi humilde morada?


Tras coger su maleta la siguió a pocos pasos por detrás. 


El salón-comedor y la cocina con barra americana se podían ver tras cruzar el pequeño recibidor de la entrada. Lo que más le llamó la atención fue la pequeña terracita exterior que había al otro lado del salón, y la pequeña cocina cuya nevera de acero inoxidable estaba decorada con muchos imanes de ciudades y una pequeña pizarra donde escribir mensajitos. Enseguida tuvo la sensación de que aquella joven no iba a dejar de sorprenderlo nunca.


Antes de subir a la planta superior, le mostró el final de la primera planta, donde se encontraba una pequeña habitación que Alieke le explicó que era su lugar zen. Allí aparte de planchar, también hacía sus sesiones de yoga y fitness algunas mañanas. En la habitación había un armario para guardar la tabla de planchar y los utensilios de limpieza. Una colchoneta enorme cubría gran parte del parqué y sobre una parte de ella había unos cuantos cojines de distintos colores y tamaños. Un televisor de pantalla plana que reposaba sobre un pequeño armario era lo único que parecía estar en orden allí adentro. En una de las esquinas del pequeño mueble del televisor había una fuente de agua de esas que venden en algunos bazares chinos, que seguro cuando estuviese encendida serían una fuente de relajación absoluta.

Aquel no solo era su lugar zen, sino un lugar donde relajarse y donde dejar que las cosas fluyeran. Göran sintió que aquel lugar le vendría muy bien para cambiar el chip de su mente y avanzar.

Tras subir las escaleras, el hombre se encontró con dos habitaciones, la de Alieke y la de invitados en la que dejó su maleta, un cuarto de baño muy amplio cuya bañera y ducha le gritaron por partes iguales para que se relajara bajo el agua caliente, y un despacho por cuya ventana entraba mucha luz.

Cada rincón de aquella casa estaba decorado con un gusto exquisito, que derrochaba la personalidad de Alieke. Distintos cuadros, incluso alguna que otra escultura extravagante, fotografías. Estanterías con libros y música. Había mucho arte entre aquellas paredes, y eso le hizo sentirse en conexión con la chica. 

La joven le dejó que se acomodara en su habitación y le invitó a darse una ducha si quería relajarse algo que el joven denegó.

—¿Qué te gustaría cenar?

Tras decirla que lo que ella quisiera le parecería bien porque no le hacía ascos a ningún tipo de cocina, la joven se dirigió a la planta baja para preparar un plato típico holandés, llamado boerenkool

El joven bajó enseguida las escaleras, había decidido cambiarse de ropa y quitarse los vaqueros y las botas para estar más cómodo. Ataviado con un chándal gris y unas playeras Adidas negras con rayas blancas, entró en la cocina y se la quedó mirando. Ella le ofreció cocinar juntos mientras le contaba lo que tenía planeado elaborar.

—¿Quieres cocinar conmigo?

Él extrañado por su propuesta porque nunca había cocinado junto a nadie, dudó unos segundos antes de acceder.

—No suelo cocinar muy a menudo y cuando lo hago jamás he cocinado acompañado. Suelo pedir comida a restaurantes para que me lo traigan a casa —se sinceró. 

Ella sonrió y le dijo:

—Es normal, cuando se vive solo a veces cuesta cocinar, pero a mí me relaja.

El asintió con la cabeza y se puso a ayudar a la joven con la preparación, sorprendiéndose a sí mismo de lo a gusto que se estaba sintiendo revoloteando por la cocina bajo las órdenes de la mujer.

Al plato de col rizada, que prepararon entre los dos, decidieron sumarle salchichas y una tabla de quesos para picotear. Mientras la verdura, las patatas y las salchichas se cocían, los jóvenes aprovecharon para hablar e ir conociéndose.

Göran no pudo evitar fijarse en los imanes que había en la puerta de  la nevera. La cabina telefónica de color rojo tan característica de Londres, otro en el que se leía “I love Barcelona”, uno  más con la perspectiva de Estocolmo desde el mar que le hizo recordar su propia casa, e incluso uno que parecía un jeroglífico en piedra y que no tenía ni idea de qué era. 

Cuando se lo preguntó a la joven le explicó que era una réplica de una Estela de piedra de origen celta cuyos restos habían encontrado al escavar antiguos asentamientos celtas en la zona en la que su madre nació, y que la recordaba a la comunidad autónoma que llevaba en la sangre como raíces. 

Ella le explicó lo que significaban las distintas formas de la piedra en la que destacaban los picos bordeando la piedra que seguramente simbolizaban los rayos del Sol, muy importante para los celtas, y aquello dejó totalmente fascinado a Göran. Le recordó la mitología vikinga que inundaba los pueblos de su Suecia natal, y que a él le habían servido de inspiración para crear canciones para su anterior banda. Definitivamente aquella joven tenía tanto que mostrar…

Tras la cena, recogieron los platos de la mesa del salón, y después de fregarlos, secarlos y colocarlos en el armario, decidieron darse una tregua con una buena cerveza y seguir conociéndose un poco más.

Antes de sentarse en el sofá, Göran no pudo evitar asomarse a la ventana del salón, y mirar embobado hacia el puente iluminado. Le encantaban aquellas vistas. El Magere Brug resplandecía a escasos metros de la ventana, mientras el agua del canal Amstel seguía su trasiego y su corriente se veía alterada por algunos barcos de turistas que aún navegaban por los canales en los cruceros nocturnos ofrecidos por diferentes compañías.

—Cerveza fresca —le ofreció Alieke sacándole de sus pensamientos.

—Gracias. Me encanta mirar el vaivén del agua…

—Es relajante e inspirador ver cómo sigue su rumbo casi inalterable.

La chica se sentó en el sofá y él la siguió. Cuando el hombre se quedó mirando su guitarra, ella se levantó para descolgarla de la pared. Se la tendió a un nervioso Göran que la sostuvo sobre sus piernas. Cuando acarició el mástil con su mano izquierda y marcó algunas notas con los dedos, no pudo evitar temblar en un escalofrío que le recorrió toda la espalda. 

Intentó varias veces no ponerse nervioso, pero no lo consiguió. La mano derecha se posó sobre las cuerdas repetidas veces, pero tenía los dedos tan rígidos que no pudo pronunciar ningún movimiento. Era como si sus tendones estuviesen paralizados y no quisieran hacer el mínimo caso a los dictados de su cerebro.

Göran posó la guitarra negra sobre la blanca mesa rectangular del centro del salón, y estiró las manos entre suspiros. Alieke se encaminó a su habitación en busca de una de las púas, que él la había dado en sus conciertos, y la posó sobre la impoluta mesa.

—Para cuando te sientas con fuerzas. No te agobies ni te obligues, tiene que fluir...

—Lo sé. Me apetece tocar, pero tengo miedo de no poder volver a hacerlo.

La chica se acercó a él, y asiéndole por las manos atrajo su mirada hacia ella. Cuando sus ojos se enfrentaron le hizo respirar serenamente un par de veces, y tras arrancarle una sonrisa con ese gesto, le dijo:

—Tu mano está perfectamente. Esas mariposas la impulsarán. Deja que lo que te bloquea se esfuma. ¡Lo vas a conseguir!

— Y tú siempre tienes razón ¿verdad? —respondió él recordando una antigua conversación.

—Siempre.

Él la miró confuso. Deseaba creerla y suspiró con el deseo de que llevase razón.

—Así que no te rayes, y toca cuando tu cuerpo te pida tocar. Sin miedos. Yo creo en ti. ¿No vas a creer tú en mí?

—Si tú dices que podré, lo conseguiré. Siempre tienes razón —pronunció el joven sonriente.

—Así me gusta. Veo que nos vamos entendiendo.

Göran miró la guitarra, y algo hizo clic en su cerebro mostrándole que posiblemente jamás podría volver a tocar con ella. Pertenecía a su pasado, y era algo que él quería dejar atrás, así que decidió que en los días siguientes se compraría una nueva para empezar desde cero durante la etapa que se abría frente a sus ojos.

—No creo que pueda volver a tocar con ella.

—Como quieras… —dijo una entristecida Alieke.

—Para seguir adelante tengo que dejar el pasado atrás, ¿no crees?

—Visto de esa manera, lo mejor será que compres una que te guste, y comiences de nuevo.

El hombre sonrió al ver que ella lo había entendido, y tras colgarla en la pared, la dijo:

—Me voy a ir a descansar, si no te importa…

—Para nada. Estás en tu casa. Descansa y ¡buenas noches!

—¡Buenas noches! —la dijo dándola un abrazo al tiempo que ella se ponía de pie para despedirlo.



1 comentario :

  1. Sólo me keda seguir leyendo tus relatos...espero k no me blokees akí.
    Yo te he kerído más k a una hermana, y no entiendo tu indiferencia. Me ha hecho mucho daño,pero si tú lo kieres, lo respeto. No te voy a volver a mandar nada,no te preokupes.. Kuidaros muxo

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