ALAS DE TINTA: CAPITULO 3 DE LA SEGUNDA PARTE

¡Queridos lectores!

Estoy inmersa un año más en el certamen Nanowrimo, esa locura de escribir 50.000 palabras en un mes, así que hoy llego un poco tarde, pero aquí estoy.

Os dejo un nuevo capítulo de Alas de Tinta. ¡Espero que os guste!

¡Cualquier cosa...me decís!

¡Un abrazo y mil gracias por estar siempre ahí, al otro lado!




Capítulo 3. Sexo y Rock and Roll

En cuanto Alieke llegó al hotel y entró en su habitación, se preparó un baño de sales.

Necesitaba relajarse, sentir sus músculos laxos, reparar el cuerpo mientras su alma y su mente seguían recordando a pesar de las indicaciones que había tratado de infundirle a su cerebro.

Por más que lo intentaba no lograba olvidar lo que los ojos de Góran la habían transmitido. Sabía que era orgulloso, pero no tanto. No entendía porqué estaba tan enfadado con ella cuando había sido él, el que se había marchado de su casa con una simple nota.

«Gracias por todo. Vuelvo a Suecia por Navidades y para comenzar con el disco. Espero que todo te vaya bien. Un abrazo, G.»  

Horas después charló con Cat para desahogarse, y su amiga aprovechó para hablar y contarle algunas de las cosas que la atormentaban desde hacía semanas. Cuando se despidieron ambas se sentían más serenas, más unidas, más comprendidas.

Alie tenía que tratar de descansar porque al día siguiente debía tatuar de nuevo en la convención y sus clientes no tenían la culpa de las tormentas que acechaban en su corazón. Sin embargo no pudo hacer otra cosa más que llorar amargamente hasta que el cansancio la venció.

Pensó en Göran. No quedaba en él nada del nuevo hombre que había renacido de sus cenizas entre las paredes de su apartamento en Ámsterdam. No entendía tantas cosas que por un momento pensó en llamarle, aclararlo todo de una vez, escupirle todos los silencios, los gestos fríos, la distancia, las echadas en cara…

No le reconocía como el sueco que la había robado totalmente el corazón. Cuando rememoró su encuentro, solo encontró en él a ese guitarrista y líder de Asator que coleccionaba muñequitas, que no abría su corazón a ninguna mujer y que discutía con su hermano para sentirse mejor, para sentirse superior.

«¿Cuándo se ha torcido todo? ¿Cuándo ha vuelto a ser el que era?»

Reflexionó y llegó a la conclusión, que quizá el hombre que ella había conocido tan solo había sido un espejismo. Una ilusión ficticia al estar alejado de los focos, del mundillo de la música, de los escenarios. Quizá ese ángel de luz que ella había conocido no existía en realidad y su lado más deprimente le había sepultado otra vez. Rodeándole de oscuridad y diversión.


En el mismo hotel, tras un polvo con su ligue que no le había producido ni la más mínima sensación fuera de un orgasmo más que añadir a su lista, Göran quiso quedarse solo. La echó de su habitación y acabó con todo el minibar hasta ponerse ciego de vodka, whisky, tequila y cerveza.

Creyó que el alcohol le haría olvidar a Alieke. 

Creyó que la anestesia de los grados empapando su sangre le ayudaría a quitarse de la cabeza la mirada fría y retadora que la mejor amiga de su rubia le había lanzado minutos antes en el bar de hielo del hotel, pero no lo consiguió. 

Las palabras de Alie le atronaban el cerebro, desangraban su corazón y le volvían pequeñito, mientras sus dedos sostenían las púas que había guardado desde el primer día de gira en una caja de madera, con la esperanza de tener la valentía suficiente para entregárselas algún día o mandárselas al estudio de tatuajes en Ámsterdam por Björn.

En la oscuridad, recordó las sonrisas de su hermano con la joven, como ella estiraba y acariciaba su piel para tatuarle, la comunicación entre ambos, la mirada embobada de Daniel y su fanfarronería al ver que él estaba celoso, y una sensación de ira se apoderó de él.

Se levantó cabreado camino del baño porque sentía que la vejiga le iba a explotar en cualquier instante cuando se cayó sobre la mesa del salón de la suite tras tambalearse.

Cuando se dio cuenta, tras un gran estruendo que se oyó en la habitación de al lado, el dolor se hizo eco en su piel tras un hormigueo punzante sobre las alas de su  espalda. Se había clavado algunos cristalitos de los vasos y botellines que había aplastado al caerse sobre la mesa. Se había mareado.

A cuatro patas llegó hasta el baño y tras mucho esfuerzo logró ponerse de pie para mirarse al espejo. Intentó arrancárselos, pero debido a las gotas de alcohol en su torrente sanguíneo acabó trastabillándose de nuevo y golpeándose con la taza del váter. En cuanto vio su mano derecha manchada de sangre supo que era el momento idóneo para llamar a su mejor amigo y mánager en busca de auxilio.

Sacó su móvil del bolsillo de sus vaqueros ajustados y le dio al número 1 en su marcación rápida.

Cuando Björn entró en su suite se lo encontró tirado en el suelo, ensangrentado, magullado y llorando como un niño pequeño. Después de aquella noche, tuvieron una conversación sería que fue el punto culminante de su relación. Björn no se calló nada de lo que pensaba sobre ese nuevo ángel caído que tenía más de viejo maestro de la guerra que de ángel resurrecto y Göran comenzó a ver las cosas de distinta manera.

Sabía que no podía seguir así. Acallando sentimientos. Rememorando recuerdos. Esa no era forma de vivir. Era tan solo una manera de sobrevivir a los días sin luchar de verdad, algo que él siempre había reprochado a los demás, algo que siempre había pronunciado en sus canciones.

El sexo y el rock and roll no eran lo mismo desde que había conocido a Alieke. Sin pretenderlo estaba volviendo a ese pasado que no le había traído más que problemas. Envidiaba la relación de Björn con su mujer Eve, pero no hacía nada por cambiar su situación. 

Una modelo tras otra, una striper tras otra, una groupie más que añadir a su lista de fracasos, esa era su rutina tras el show. Alcohol, sonrisas y sexo sin compromiso.

Estaba cansado. Agobiado de no sentirse nadie. De no poder ser el hombre que soñaba con ser. De haber defraudado a Alieke, porque una mirada de escasos segundos le había bastado para darse cuenta de que la había decepcionado, y de haberse defraudado a sí mismo.

No entendía que ella estuviese enfadada con él cuando había sido ella la que no le había dicho nada sobre su dibujo, la que no había vuelto a comunicarse con él tras sus silencios. No mandarla mensajes tenía que haber provocado que ella lo llamase, no que se distanciaran. No entendía tantas cosas que a cada nuevo pensamiento nacía una nueva duda que lograba atormentarle durante horas. 

Y ardía en deseos de llamarla. De marcar ese número que le producía chispas cada vez que pasaba por él para realizar una llamada de trabajo. Pero cuando su nombre  se reflejaba en la pantalla, las dudas le paralizaban. 

El concierto en Estocolmo fue uno de los peores. Se había perdido muchas veces en las melodías, su humor había sido pésimo, y no había estado tan comunicativo con el respetable como en otras ocasiones. Y eso le hizo sentirse una mierda. Una auténtica bazofia como guitarrista y como hombre. No solo había defraudado a su mejor amigo, a Alieke y a él mismo, sino que encima también sus fans se habían sentido desilusionados.

—Y me quedo en nada al bajar del escenario… —suspiró.

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