ALAS DE TINTA, CAPITULO 6 DE LA SEGUNDA PARTE

¡Queridos lectores!

Nuevas sorpresas dentro de la historia. Mensajes ocultos, iniciales...la cosa se pone interesante.

¡Espero que os guste!

Y tendréis que estar atentos, porque se avecina una noticia sobre mi novela autopublicada, SUSURROS EN SACHSENHAUSEN!!

¡Un abrazo!



Capítulo 6. Desfile de ropa



Llegó el día marcado en el calendario como el día de Evelijn.


Gracias a un inversor anónimo, la joven pudo hacer realidad su sueño: sacar su propia colección de ropa, diseñada por ella y presentarla en sociedad. 


Después de que su socia en la tienda desapareciese con parte del dinero de la cuenta conjunta para crear juntas una nueva colección de ropa, por no decir todo, sin avisar, una persona desconocida para las chicas había abonado una cuantiosa cantidad en su cuenta corriente y la había regalado así la oportunidad de seguir adelante con su colección.


Evelijn estaba entusiasmada, no dejaba de sonreír a todos los presentes al desfile, todo había salido de maravilla, como siempre había soñado. Y aunque su marido Björn no había podido acudir a la cita porque estaba terminando la gira con su banda, ver a sus amigas disfrutar entre copas de champán y sonrisas la hizo sentirse orgullosa de sus modelos y del nuevo camino que se abriría para ella después de aquella noche.


Cat había estado fabulosa y espectacular, como siempre que se subía a una pasarela, y Alieke no la había dejado sola en ningún momento. Había estado a su lado, ayudándola a calmar los nervios, abrazándola, agarrándola para que no desfalleciera por la angustia. Se había mareado varias veces, e incluso había vomitado. Algo inusual en ella, pero a lo que no le dio más importancia hasta que llegó a casa esa noche.


Antes de despedirse de su amiga, cuando vio las fotos del desfile en las redes sociales, no pudo evitar meter la pezuña en la relación de Brian y Alieke. Le caía bien el chico, pero no le gustaba para su amiga. Demasiado soso, demasiado romántico, demasiado bueno. Su amiga necesitaba un guerrero.


Su Alieke necesitaba a un sueco de temperamento salvaje como Göran que la hiciese temblar de pies a cabeza. Y después de haberla visto junto a Göran en todas las ocasiones que quedaron para salir los cuatro juntos, durante la estancia del músico en Ámsterdam, no podía entender que su amiga se conformara con latir a medias.


Pensó en el músico, en cómo se estaría sintiendo al ver las fotos de Alieke con Brian, abrazaditos y sonrientes, y se encaminó hacia su amiga.


—¿Orgullosa de esta noche?


—¡Como para no estarlo! ¡Mi sueño ha comenzado a cobrar vida!


Alieke y Cat le sonrieron mientras se apartaban de la barra del bar para charlar más a gusto en una de las mesas.


—Y todo gracias a Göran… —dijo mientras recordaba la noche que se ofreció para ayudarla.


—¿Él fue el inversor anónimo? —preguntó Alieke intrigada.


—No tan anónimo. Simplemente no quiso que nadie lo supiera. 


Alieke sonrió para sus adentros. Sabía que una parte de Göran era humilde y bondadosa, aunque la mayor parte del tiempo pareciese que no tenía corazón y que no le importaba nadie más que él mismo. No era tan cabrón como aparentaba. Aquello le hizo echarle de menos otra vez. Llevaba días sin poder quitársele de la cabeza.


Sus conjuntos de ropa interior, sus regalos de la púa y el colgante, su amabilidad, su cercanía a pesar de simular ser un puro hielo…


—Tiene demasiados demonios, pero es un hombre excepcional. Estuvo conmigo durante el aborto cuando Björn estaba fuera. Le llamé y él vino corriendo. No me dejó sola en ningún momento hasta que llegó mi marido. —decidió abrirse con sus amigas.


—No nos lo habías contado… —le echó en cara Alie.


—No podía deciros quién era el mejor amigo de Björn. Te me hubieras vuelto loca, preciosa.

Alieke sabía que era cierto. Se hubiera puesto en plan “fan histérica” con ella.


—Solo la mujer adecuada puede ayudarle a vencer todos sus temores —siguió Eve mientras bebía de su copa.


Cat sonrió y alzó la copa que sostenía entre las manos en señal de brindis.


Alieke, sin embargo, negó con la cabeza.


—No fui nadie para él.


—De eso nada. Ni Björn ni yo le vimos sonreír nunca como cuando estaba contigo. 


—Eso no quiere decir nada.


—¿En “Don mirada de te voy a convertir en piedra”? —lanzó Evelijn.


Las tres se deshicieron en carcajadas y Alieke empezó a dudar por primera vez.


—Sus dos ex le traicionaron. A él no le dejaron en el altar como a ti, pero ambas se liaron con su hermano. Su familia nunca lo ha visto como un ejemplo a seguir. Siempre ha sido el músico loco que forzó a su hermano abogado a lanzarse al sexo y a la depravación. Cuando a Daniel  siempre le llamó la atención la fama y el dinero, y ese fue el único motivo por el que se lanzó a ser el cantante del grupo de su hermano… —continuó Eve.


—¿Se ha sentido inferior a él siempre? —preguntó Cat.


—Sí. Nunca se ha sentido suficiente para sus padres. Ni para las mujeres que ha amado.


—¿Mujeres en plural? ¿Pensé que solo había tenido una novia?


—Dos. Una en el instituto y la última fue una periodista de metal que se lió con su hermano cuando se cansó de él. Al fin y al cabo, Daniel es el cantante de la banda, el frontman por el que todas suspiran…y cuando las mujeres no son como tienen que ser…


—Ahora entiendo su cabreo cuando nos vio juntos en Estocolmo. Sabía que los últimos años de la banda no se habían llevado bien, la discusión que tuvieron cuando le echaron del grupo que él había formado…pero esto…parecía que se querían…


—Fachada. La familia perfecta que vendían a todo el mundo era mentira. Daniel nunca ha soportado que Göran sea el gran guitarrista que es, que la gente le valorase por encima de él.


—¡Pero si la música y las letras eran suyas! ¡La banda la formó él!


—Lo sé, nena…


Alieke se quedó en silencio. Acabó la copa pensativa sin dar crédito a lo que había escuchado. Göran se había callado demasiadas cosas cuando podría haber puesto verde a su hermano. Hasta eso le mostraba que era diferente a muchos de los hombres que había conocido. Era un hombre con clase.


—¿Te vas a rendir con él? ¿No vas a luchar por lo que quieres? —la acusó la rizosa.


—Sería la primera vez que no lo haces…eres una guerrera —la instó su mejor amiga.


—Te quedas en mi casa esta noche ¿recuerdas? A ver si te dejo en la calle…


—¿Por qué?


—Por ponerte de parte del enemigo…


—¿Enemigo?


—Me rompió el corazón. Tú viste como me afectó su maldita nota escueta, sus silencios, nuestra discusión en Estocolmo.


—Eso es cierto —admitieron ambas.


—Pero todos cometemos errores —dijo Cat.


—Todos merecemos una segunda oportunidad ¿no? —preguntó Eve—. Mira Björn y yo…


—Se folla a todo lo que se le pone por delante…No me necesita.


—¡Se follaba! Creo que ahora está en periodo de castidad…—argumentó Eve.


—No quiero escuchar más…¡En serio!


Sus amigas callaron. En el fondo sabían que ya habían creado la incertidumbre en su loca cabecita y que la rubia tatuada no dejaba de darle vueltas a su relación con él.




Horas más tarde, después de decidirse a hablar con Brian y decirle esa misma noche que ya no sentía lo mismo por él como cuando le había dicho que sí meses atrás, después de romper su relación y sentirse libre, se marchó para casa con su amiga, con un sentimiento extraño en el corazón.


Cuando Alieke y Cat llegaron al apartamento cercano al Magere Brug y la pin up se fue a instalar en la habitación de invitados, la tatuadora se llevó otra sorpresa.


Cathelijn le pidió a su amiga hospedarse en su casa unos días porque en la suya estaba un pintor dejando su piso como siempre había querido. La joven la cedió la habitación de invitados hasta que pudiera regresar para que no se intoxicase con el olor de la pintura, y porque siempre se sentía bien cuando pasaban un tiempo juntas.


Cuando la pin-up abrió su maleta, y se dispuso a guardar su ropa interior en una de las cómodas de color azul, sus ojos tropezaron con algo que la dejó confundida. Enseguida llamó a su amiga para que descifrara el enigma.


—Alie, ¿puedes venir un momento?


La tatuadora llegó y vio que su amiga le señalaba algo dentro de su cómoda. Se sorprendió. Tras la marcha de Göran le había resultado imposible entrar en la habitación sin sentir su ausencia, y por ese motivo no había tocado nada de como él lo había dejado. El hombre se había deshecho de las sábanas dejando la lavadora preparada por lo que no sintió que tuviese nada que ver allí dentro. 


Tan solo abría y cerraba las ventanas para que la habitación se airease y enseguida se marchaba. No soportaba estar entre aquellas paredes. Demasiados recuerdos.


—¿Qué pasa?


—¿Habías visto esto?


Se acercó imaginando que el hombre se había olvidado algo de ropa interior, o alguna camiseta, cuando sus ojos repararon en un dibujo.


Ante sus pupilas, la miraban desafiantes un cupcake Marshmallows y unas alas como las que ambos llevaban tatuados, junto a unas letras que parecían iniciales de algo.


—Lleva todo este tiempo aquí y yo no… —la miró sorprendida.


—¿Y que querrán decir las letras: YWABMA? —le preguntó Cat.


—No tengo ni idea.


—Llámale.


—No. Cerré esa puerta…no…


—¿Seguro que la has cerrado aquí…? —le lanzó su amiga señalándola su corazón.


Sabía que eso había sido un golpe muy bajo, demasiado rastrero, pero en asuntos del amor bien valía poner las cartas sobre la mesa, aunque eso condujese a una discusión con su mejor amiga.


Alieke tragó saliva y salió de la habitación pensativa. 


Una huella de tristeza inundó su mirada tornándola vacía. Desde que lo había visto en Estocolmo sabía que su corazón seguía sintiendo cosas por el joven, pero con la rutina había conseguido olvidarlo un poco. Y sin embargo, ahora aparecían aquellos trazos a rotulador sobre la madera para recordarle que en la vida hay puertas que si no se cierran en su momento, pueden traer aires y corrientes frías Heladoras para el alma y la sangre.


Al día siguiente la curiosidad pudo más que ella. La conversación con Cat la había afectado y apresurada le mandó a Göran un mensaje. Cuando ya creía que no la iba a contestar, horas más tarde, su móvil la avisó de la llegada de un mensaje de Whastaap.


Cuando abrió la pestaña vio que tras su pregunta el joven había escrito otra pregunta, y tumbándose en el sofá para no caerse al suelo por el temblor de sus piernas, siguió hablando con él.


«—¿Qué significa YWABMA?


—¿Ya me has desbloqueado?


—¿Qué significa, Göran?


— ¿Lo has encontrado?


—Ayer.


—Pues sí que has tardado…»


Antes de contestar afirmó con la cabeza mientras sonreía, porque sí, había tardado muchos, muchos, meses en ver su dibujo. «¿Cuántas veces se había quejado porque el joven no la hubiese escrito ningún mensaje, ni hubiese querido inmortalizar la madera de su habitación con ningún dibujo tras aquella antigua conversación?»


Volvió a la ventanita de Whastaap, y con dedos apresurados, escribió:


«—¿Qué significa?


—Si quieres averiguarlo tendrás que venir a nuestro último concierto.


—No pienso ir.


—Pues entonces nunca lo sabrás.


—¡Pues que te den!


—Gracias, nena. Encantado de hablar contigo.


Alieke se estremeció al leer la palabra “nena” y recordar su voz ronca al susurrárselo en el pasado. 


«Arggg ¡Te odio!»


Pero desde el mismo instante en el que lo pronunció supo que no era cierto. Jamás podría odiarle. Le amaba demasiado.


Solo él conseguía que un montón de mariposas revolotearan en su estómago en tan solo un par de segundos. Solo Göran era capaz de que su corazón latiese acelerado entre recuerdos, con una sola palabra lograba desmontar todos los cimientos de su aparente perfecta vida y su agradable rutina. 


Fue entonces, tras charlar con él cuando se dio cuenta de que Brian, su ligue tatuador con el que había roto la noche anterior, jamás la había hecho sentir lo que sintió al estar con Göran. Porque aunque él mismo guitarrista pensase que no, el sueco era un hombre difícil de olvidar. Eso era todo un hecho. 

Cinco minutos con él eran más que cualquier noche con ningún otro. Al menos era eso lo que pensaba su endemoniado corazón.

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