ALAS DE TINTA, CAPITULO 8 SEGUNDA PARTE

¡Queridos readers!

A dos capítulos del final de la historia, regreso un nuevo miércoles con muchas confidencias.

¡Espero que os guste el nuevo capítulo!

¡Un abrazo y gracias por seguir a mi lado con esta historia!



Capítulo 8. Confidencias



Cuando llegaron al hotel Avalon se despidieron de los chicos y se encerraron en la suite de Göran.


Muebles de diseño, paredes blancas, sofás del mismo color que la sangre, lujo y detalles minimalistas que dejaron totalmente sorprendida a Alieke. Desde la terraza de la habitación se podía observar la oscuridad de la noche balanceándose sobre la segunda ciudad más importante de Suecia.


En cuanto dejó el bolso sobre el mueble de la habitación, Göran la abrazó con intensidad. No acababa de creerse que ella estuviese allí con él. Después de tanto tiempo separados, después de todas las dudas, de los pensamientos enmarañados y los sentimientos enfrentados… Estaban juntos.


Ella percibió el nerviosismo a través de sus ojos. Sus irises azules no pretendían ocultar nada. Por primera vez en todo el tiempo desde que se conocieron él estaba abriéndola su corazón de par en par.


Alieke lo besó. Con ternura primero y con fiereza después. Necesitaba perderse en sus brazos, que sus cuerpos se reencontraran, que los latidos de su corazón se volviesen a acompasar en los mismos latidos. Que sus cuerpos se dijesen todo lo que sus bocas callaban, y se habían callado durante tanto tiempo.




Exhaustos, sonrientes, y con las huellas lánguidas del placer todavía hormigueando bajo su piel, Alieke lo miró a los ojos antes de preguntar.


—¿Por qué no me dijiste en tu nota que habías pintado esas letras y el cupcake?


—Era un mensaje, nena. Tenías que encontrarlo…


—He tardado un año, Göran.


—Te creía más lista de reflejos…


—Oye… —protestó pellizcándole el pezón antes de sincerarse.


Él la acarició suavemente la espalda. La acercó a su cuerpo. Había echado mucho de menos esos pellizcos en los pezones, que ella lo acariciase con lentitud, que lo mordiese. Posó la pierna de ella sobre su cadera. Ansiaba tenerla lo más cerca posible.


—No abrí los cajones ni toqué nada de la habitación desde que te fuiste. No fui capaz. No podía entrar en la habitación sin extrañarte…


—¿Y cómo lo viste?


—Lo encontró Cat al guardar su ropa, vino unos días a casa…


—Si hubiese pintado en tu cabecero hubieras tenido que cambiarlo ¿no crees? —ambos recordaron su antigua conversación.


—No. Hubieras alimentado mis “sweet dreams”.


—¿Tú crees?


—Hubiese tenido un dibujo que me recordase que era importante para ti. Te hubiera preguntado por las letras, no hubiéramos estado tanto tiempo separados…


Le dolió la forma en la que habían salido las cosas. Pensar en todo el tiempo que podían haber disfrutado juntos fue una losa que le impidió respirar con normalidad.


—¿Acaso no te sentiste importante?


—¿En serio? Te fuiste sin despedirte de mí. Sin decirme si podíamos seguir viéndonos…si nos volveríamos a ver alguna vez…Me dejaste una simple nota…


—No hubiera podido alejarme de ti.


—Te alejaste de todas las maneras…


—No podía decirte adiós. A tu lado me sentía seguro, distinto, más hombre. Dentro de mí no podía despedirme de lo que me hacías sentir. 


El silencio se paseó por toda la habitación. En los pasillos se escuchaba el ajetreo de otros huéspedes.

»Pero también necesitaba perseguir mi sueño, ser quién un día fui. Ansiaba la banda, girar, volver a ser yo. Me costó mucho marcharme…No me gustan las despedidas…


Ella asintió.


—Y cuando pasaron los meses y no me dijiste nada de los dibujos, yo…pensé que no querías nada serio conmigo, que no te interesaba saber sobre la pintada en tu cómoda, sobre mí.


—Y dejaste de enviarme mensajes. Volviste a tu vida sin mí…


—Sí. Pero me he sentido vacío la mayor parte del tiempo. 


—Has estado bien acompañado.


—Y tú. No creas que no he sabido de ese maldito highlander musculado.


—¿Highlander?


—Tu ligue tatuador. Ese que se parece a los escoceses de las novelas románticas que tanto te gusta leer.


—¡Qué idiota eres! Y tus muñequitas modelos ¿qué? De pechos enormes y cuerpos perfectos…


—Ninguna eras tú.


Alieke calló. Pensativa. Triste.


—En serio. Ninguna era como tú. No se molestaban en ver más allá, en intentar conocerme, interesarse por lo que pasaba en mi cabeza. Siempre ha sido así. Solo he sido para ellas un músico más que añadir a su lista.


—Vamos que ninguna te ha gritado todos tus defectos y complejos a la cara.


—No. Solo una listilla en un avión. Fue en un vuelo Londres-Ámsterdam. No sabes cómo me sacó de quicio con sus consejitos sobre creatividad, como si yo no fuese el mejor guitarrista del mundo…


—¡Oh, qué modesto! ¡Serás egocéntrico!


—Solo contigo, nena.


—Lo sé. Te he echado muchísimo de menos…—una lágrima se deslizó por su mejilla al declararlo.


—Y yo a ti.


Alieke fue más allá. Necesitaba despejar todas sus dudas. Que no hubiese ningún interrogante caminando entre los resquicios de su cerebro. Quería abrirle su corazón, mostrarle todos y cada uno de sus sentimientos, pero para ello primero tenía que preguntarle a cerca de la entrevista.


—La entrevista.


—¿Sí? —preguntó él.


—¿Por qué no hablaste de mí? De tu tiempo en Ámsterdam, de mis tatuajes…


Göran respiró profundo. Soltó todo el aire y se armó de valor.


—No quería que mi hermano supiera de ti. 


—¿Y eso?


—Si hubiera sabido de ti, que sentía cosas por ti, hubiera hecho todo lo posible por acercarse a ti. Por joderme. Siempre lo ha hecho.


Alieke se quedó pensativa, y él aprovechó el silencio para continuar.


—Cuando os vi juntos en la convención, mientras le tatuabas, sentí que me rompía por dentro. No había valido para nada que yo te ocultase. El destino quiso que él viese tus trabajos y quisiera que lo tatuases.


—La reserva la hizo su manager, si hubiera sabido que era él jamás le hubiera tatuado. No después de que te echara de tu propia banda. Yo…


—¿Sí?


—No hablé de ti con él. Quise decirle muchas cosas pero no fui capaz de abrir la boca. Cuando te miré supe que no te estaba gustando vernos juntos, pero jamás pensé que te estaba haciendo tanto daño. Quería darte celos. Hacerte sentir como yo me había sentido al verte con tu amiguita.


—Tú no sabías que él me había quitado a las únicas mujeres que me habían importado en el pasado. No eres adivina. Aunque a veces parezca que sí.


Alieke sonrió con tristeza. Se sentía fatal. 


Pensó en cómo las cosas se habrían arreglado con una conversación sincera, con una llamada en busca de respuestas, y sintió crujir unos pequeños cristales de escarcha dentro de su sangre.


—Teníamos que haber hablado. No habernos distanciado…


—Lo sé, pequeña. Pero para mí no era fácil. No sé lo que es sentir esto, jamás me he sentido así…Sé lo que es el amor, pero…Y creí que tú pasabas de mí… 


Göran la miró con melancolía. Sí. Lo estaba. Él no era hombre de relaciones,  hacía mucho tiempo que no se enamoraba de nadie, y dudaba si alguna vez había sentido por alguna mujer lo que sentía por ella. ¿Pero para qué iba a ocultárselo?


—Estás desentrenado ¿eh? ¿Cómo iba a pasar de ti? 


—Mis demonios…


—Algún día vas a tener que hablarme largo y tendido de esos demonios…


Sintió el pánico tras sus ojos azules. Sintió las dudas, su cerebro dando mil vueltas.


—No voy a irme a ningún sitio porque me muestres tus demonios. Voy a seguir aquí…


Él la sonrió. Su maestro de la guerra, su ángel, estaba más jodido de lo que ella había imaginado tras sus conversaciones sinceras con Eve.


Sentir sus miedos y su tristeza hizo que no pudiera evitar regalarle su corazón. No la importó ni por un momento si él decidía salir corriendo de la suite hasta la otra punta del mundo.


—Te quiero. Eres único.


Göran la miró a los ojos. Ella pudo ver la sorpresa en sus ojos antes de que el joven sonriera.

El silencio que se hizo en la habitación intentó lastimar el corazón de Alieke pero la joven se había lanzado a la lucha y ya no había temor que la pudiese detener. 


—Te quiero. Con toda mi alma. Jamás te cambiaría ni por él ni por nadie. Cuando lo he intentado solo me ha servido para darme cuenta de que nadie podrá superarte.


El silencio volvió a resonar entre los dos marcando una melodía extraña. Cuando los labios de Göran se abrieron, el corazón de Alie se desbocó.


—Te quiero. Como nunca he querido a nadie, pequeña. Aunque en muchas ocasiones no lo haya sabido demostrar. Esto es nuevo para mí, pero es lo que hay. Me encantas. Te necesito en mi vida. 


La confesión del hombre la dejó atontada. Se acurrucó entre sus brazos. Contenta. Relajada. 

Sintiéndose completa. Con una sensación de euforia dentro del corazón. Sabiendo que el hombre que tenía a su lado estaba haciendo un gran esfuerzo por abrirla su corazón.


Le dio una tregua. Ahora que sabía lo que sentía no necesitaba más confesiones por el momento.


Le besó en el cuello y comenzó a mordisquearle. Era la única manera de no pensar en la intensidad de las emociones que trataban de subyugarla. Se había lanzado al vacío y sin paracaídas. Ya no había marcha atrás.


Göran alzó las cejas al sentir su calor, su proximidad, su sonrisita traviesa.


—¿Qué? ¡Llevo muchos meses sin ti!


El sueco estalló en carcajadas antes de abrazarla y rodar sobre ella para dejarla bajo el peso de su cuerpo.


Se acomodó entre su cuerpo y aproximó su entrepierna al sexo de ella. La besó con todas sus fuerzas, mordisqueó su labio, su nariz. Si su precioso ángel quería guerra, él jamás diría que no. 


Ella entrelazó sus dedos en su pequeña melena y se aproximó a su boca. Le devoró. Se agarró con las piernas a su cintura y le dejo claro que ya no había marcha atrás. Sería suyo. Costase lo que costase. Pasase lo que pasase.

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