CAPITULO 9 Y 10. FINAL DE ALAS DE TINTA

¡Queridos lectores!

Pronto se acaba el año, y hoy, como regalo de Navidad os dejo doble ración de Alas de Tinta.

Es un regalo a mis niñas guerreras, Estela y Aiduki, que me han regalado una sudadera con el emblema de Alas de Tinta, y que se han hecho también para ellas. Ay, qué manera de descolocarme y robarme el corazón. Sois únicas!!!!

Por eso hoy estoy generosa, tontita, llorona, y os regalo a todos los ojos lectores, el capítulo 9 y 10 (que es el final de esta historia).

Espero que os guste mucho, mucho, y que Alas de Tinta quede grabado en vuestro corazoncito.

¿Me contáis vuestras impresiones?

¡Mil gracias por estar siempre ahí!

¡Y Felices Fiestas! ¡Un abrazo!



Capítulo 9. Ángeles mirando la ciudad

Alieke observaba Gotemburgo desde el apartamento de Göran en las afueras de la ciudad.

Llevaban varias semanas juntos, paseando, descubriendo cada rincón que el joven le quiso mostrar de su ciudad natal. Sin prisas, sin obligaciones, entre abrazos, besos, arrumacos y sonrisas.

Desde que se habían reencontrado, el sueco no había dejado de sorprenderla ni un solo instante. Ya no quedaba nada de aquel hombre frío que conoció en el avión, ni del músico perdido con el que compartió recuerdos y consejos en su estudio de tatuajes. Ya no quedaba nada del hombre silencioso y parco en palabras, taciturno y bohemio que convivió con ella en su apartamento frente al Magere Brug y que se había encontrado la noche del concierto.

A su lado caminaba un nuevo Göran, parlanchín, romántico y encantador, que sonreía a cada segundo. Sin miedos. Sin silenciar pensamientos. Y eso no solo la sorprendía, sino que la hacía sentirse la mujer más afortunada del planeta. 

Él la había confesado que su cambio era en parte por ella, porque todo era más fácil a su lado y que gracias a sus consejos había conseguido ser el hombre que siempre había querido ser, pero Alieke le había dejado claro que él había cambiado porque era un hombre fuerte. Un guerrero con mucho que mostrar que por fin había encontrado la voluntad para querer hacerlo.

Esos días juntos fueron instantes de descubrimientos. Las horas sucedían apresuradas unas veces, y otras por el contrario todo caminaba más lentamente, casi al ritmo del corazón dependiendo de la intensidad de las emociones. Se habían entregado sus corazones, con todas las dudas, todos los demonios y fantasmas del pasado. Habían hablado con total sinceridad y eso les había unido mucho más.

Cuando Göran la propuso visitar Keillers Park, el lugar donde muchos años atrás, Jon Nödtveidt, líder de la banda de black metal Dissection, junto a un amigo, habían asesinado a un joven homosexual y habían sido juzgados por ello; no pudo evitar sentir un cosquilleo en su interior.

Conocer la banda, escuchar su música, pisar aquel lugar, sentir la oscuridad flotando alrededor junto a un montón de sensaciones enfrentadas en su corazón. Lo que hicieron, frente a la música que admiraba… 

Y sin embargo, desde aquel día, tendría la visita al parque grabada en su mente y en su alma, a fuego, por una razón mucho más importante. Algo que jamás habría pensado.

Antes de emprender rumbo a casa, Göran la abrazó desde atrás, y la dejó petrificada al regalarla una pequeña caja de terciopelo negro. Aquel fue un detalle más que la demostró que el hombre al que amaba desde hacía meses había cambiado para ser otra persona.

Cuando Alieke la abrió, mitad sorprendida y mitad nerviosa, se encontró con un pequeño anillo de oro blanco con diamante negro.

Lo miró con los ojos abiertos. Sus manos aguantaban la caja entre sudores y temblores y Göran no pudo evitar sonreír.

—¿Qué sig…? —intentó preguntar.

—¿Quieres casarte conmigo? ¿Ser mi ángel de la guarda?

Alieke enmudeció. Palideció. Siguió temblando. No se esperaba ese tipo de declaración viniendo de él. Del hombre que hacía siglos que no tenía una relación. Del hombre que había visto desfilar a un montón de groupies por sus brazos.

Al ver la tensión en la mandíbula de su guitarrista preferido, de su ángel, su maestro de la guerra, cabeceó afirmativamente antes de estallar en júbilo y saltar a sus brazos.

Él la giró en el aire mientras se deshacía en carcajadas como un niño pequeño en un día de feria. En esos instantes se sintió el hombre más feliz de la tierra. Y ella no sabía ni cómo se sentía porque la sensación que se apoderó de su sangre era indescriptible.

—Sí, quiero.

—¿Ahora y siempre, nena? —preguntó Göran.

—¡Ahora y siempre, pequeño!

Todo había cambiado en una fracción de segundo. Y es que es así como llegan las cosas inesperadas de la vida. Sin previo aviso. Desbarajustando planes, creando terremotos dentro del corazón, produciendo sonrisas infinitas y lágrimas de incredulidad.

El corazón de Alieke no había dejado de sonreír desde hacía bastantes horas.

Recordó el paseo y la declaración mientras observaba la ciudad a través del cristal tintado. Ella podía ver la ciudad, pero la ciudad no podía verla ni a ella ni a Göran. Ese detalle la había encantado desde que llegó al apartamento. Desde que él se lo había contado tenía una loca idea dentro de su cabeza. 

You will always be my angel —susurró el joven tras su espalda, asustándola.

No le había oído salir de la ducha. Él, sin embargo, la había estado observando desde hacía rato, escondido tras la puerta del baño, sin poder terminar de creerse todo lo que estaban viviendo en esas semanas juntos.

Alieke giraba su anillo de compromiso alrededor de su dedo, nerviosa, con la cabeza llena de interrogantes. Tenían que hablar sobre su futuro. Tenían que matizar tantas cosas…

—Y tú siempre serás el mío, mi guerrero.

—¿Pero?

—Necesito hablar sobre el futuro, sobre lo que nos espera juntos, nuestros trabajos…

—Lo sé.

—Pero ahora ven aquí, que hay una fantasía que quiero cumplir contigo. 

El sueco se carcajeó y la dejó marcar el ritmo de nuevos besos que auguraban convertirse en gemidos desenfrenados en pocos segundos.

Unas ansias enfebrecidas la atenazaban los músculos. Deseaba follar como loca apoyándose en el cristal, como Michael Fassbender en la película Shame. Observando toda la ciudad desde aquel ático, sin que nadie pudiera observarlos. Desde que había visto la película soñaba con ello y no había nadie mejor en el mundo que su Göran para ayudarla a realizar esa locura.

Después tendrían que hablar.


Capítulo 10. Londres

Gotemburgo. Ámsterdam. Habían estado juntos todos esos meses. De una ciudad a otra. De un hogar a otro. Sintiendo que no importaba el lugar dónde estuviesen mientras permanecieran juntos.

La burbuja que una vez les había eclipsado ahora era más majestuosa. Ya habían decidido que ella seguiría tatuando en convenciones y en su estudio, que le acompañaría de gira siempre que pudiera y sería tatuadora itinerante. 

Göran la había pedido que se encargase del diseño del libreto que acompañaría al que sería el segundo disco de la banda. Así como de todo el merchandise que sacarían. Alie ilusionada no dejaba de crear posibles ideas y de comentarlas con él. Le gustaba trabajar codo con codo con su ángel, hasta en el trabajo se compenetraban bien.

Era Septiembre, y la Convención Internacional de Tatuaje de Londres se acercaba. Alie tatuaría un año más, y tanto Göran como Eve y Björn habían decidido acompañarla para conocer Tobacco Dock, y la convención en sí. Era una de las más conocidas a nivel mundial, y tenían mucha curiosidad por todos los espectáculos de los que habían leído en las redes sociales y de los que Alie y Cat les habían hablado.

Cuando se subieron al avión, Göran y Alieke no pudieron evitar sonreír al pensar en la primera vez que se habían encontrado en un avión, que en vez de viajar con destino Londres, salía de Londres hacia el lugar del que ahora despegaban.

Había pasado mucho tiempo desde entonces. Y su relación había dado tantas vueltas, que ahora lo único que les quedaba era que estaban juntos, felices, y comprometidos. La vida de ambos había cambiado demasiado y tenían muchos motivos por los que sonreír, por lo que fue uno de los mejores vuelos que habían vivido.

Al pasar frente a la puerta del baño, Alie sonrió y Göran supo que era por su comentario sobre haber tenido sexo en un avión. Quizá podrían experimentar, pero dado el tamaño de la cabina, la cosa no podría pasar de un ligero magreillo que conseguiría que los demás compañeros de vuelo se quejasen a las azafatas al verles entrar juntos. 

Una vez instalados en Londres, cerca de Hyde Park, decidieron la ruta a seguir para llegar al distrito de Wapping donde tenía lugar la convención. Lo que no se esperaban era que entre los cristales de la instalación les esperaba una sorpresa amarga.

Daniel estaba en la convención, y había decidido pedir cita de nuevo con Alie con la fea costumbre de hacerlo con el nombre de su manager, que era distinto al anterior ya que no le había durado demasiado. Su ego acababa consiguiendo que las personas que le rodeaban fueran cambiando, marchándose sin dar portazo. Excepto los miembros de Asator y sus padres, todas las demás personas que lo conocían con el tiempo se acababan cansando. Al igual que las mujeres que llegaban a sus brazos para marcharse despavoridas en cuanto le conocían de verdad.

No se había encontrado con su hermano por muy poco. Ni siquiera sabía que la joven era su novia nueva.

Después de fijar el tamaño y lugar exacto del tatuaje, y de colocar la calca que después modificó con sombras y algunos trazos free-hand, Alie preparó las tintas y las agujas a utilizar para comenzar.

Cuando se fue a poner los guantes de latex negros, Daniel observó su anillo de compromiso y no pudo evitar el preguntar.

—Cómo pasa el tiempo ¿verdad? Hace meses que me tatuaste en Suecia.

—Sí, me acuerdo. La pin-up que llevas en el brazo.

—Sí…Ahora me ha dado por los dragones.

Alie hizo una mueca que pretendía ser sonrisa pero no llegó a serlo nunca. Había descubierto demasiadas cosas de él que la impedían ser demasiado amable.

—Así que estás comprometida.

—Sí…—fue demasiado escueta.

Göran estaba paseando con Björn y Eve cuando les vio y tras una señal a su amigo pidió que se acercaran. Al notarle tenso y preocupado, Eve le señaló: Solo está haciendo su trabajo, precioso.

Daniel no intuyó en ningún momento que su hermano estaba demasiado cerca de él. Alieke tan concentrada en su trabajo y acostumbrada a que la gente se parase a observar su trabajo en las convenciones, ni siquiera le vio llegar.

—¿Lo quieres?

—Si no le quisiera no hubiera aceptado su anillo.

—Hay quien se casa sin amar a la otra persona.

—No es mi caso.

—¿No?

—No. Es el hombre de mi vida. Le quiero muchísimo.

—Para siempre es mucho tiempo. Y ese anillo y el matrimonio se supone que implican eternidad.

—Si estás con la persona adecuada, entonces para siempre es muy poco tiempo.

—Es muy afortunado de tenerte, si piensas así.

—Y yo soy muy afortunada de tenerlo a mi lado.

—Si alguna vez te cansas…

—Jájaja —sonrió—. Jamás me cansaría de él. Es más no creo que tenga suficiente. A cada día le necesito más.

—Estás muy segura.

—Sí. No le cambiaría por nadie. Es el mejor.

Daniel fue a contestarla, cuando Göran se hartó de escuchar y no presentarse.

—Ni yo a ti, preciosa. No soy tan idiota como para cometer el error de perderte dos veces.

Alieke se puso colorada. Le miró a los ojos y le dijo todo lo que Göran necesitaba saber para estar tranquilo. Alie había sido clara en sus palabras, pero con sus ojos había terminado de matar sus demonios.

Mientras cambiaba de aguja para trazos sombreados, pudo notar la ira y los celos en los ojos de Daniel.

—¿Qué tal lo estáis pasando? —preguntó a su pareja y a sus amigos—. ¿Os gusta algún diseño?

—¡Hay diseños muy chulos, pero como los tuyos…poquitos! —sentenció Eve.

Los cuatro se echaron a reír, mientras Daniel intentaba llamar la atención de su hermano.

—Vamos a seguir ojeando, nena. Te dejamos trabajar. He visto por ahí unos corsets…

—Sorpréndeme, cariño.

—Eso siempre. —la guiñó un ojo.

Daniel intentó amargarles la fiesta.

—¿La dejas sola conmigo, hermano? Yo que tú tendría cuidado.

Intentó hacerle daño. Quebrarle la seguridad en sí mismo. Como ya había hecho tantas veces en el pasado.

Sin embargo esa vez no lo consiguió. Su hermano era ahora mucho más fuerte mentalmente. Había resurgido de sus propias cenizas, había cambiado y se había convertido en el hombre que siempre quiso ser.

—Confío plenamente en ella.

Daniel se carcajeó. Era lo único que le quedaba. Su forma de pataleo. Ya no tenían diez años, pero algunos hombres nunca llegan a madurar del todo, y la envidia siempre les corroe.

—¡A la tercera va la vencida, pequeño! —le guiñó el ojo a su maestro de la guerra.

En esos instantes fue Göran el que sonrió tras la directa de su ángel de la guarda. Solo ella podía tener la lengua tan afilada y seguir pareciendo un ángel.

—La tercera es para siempre.

Fueron tan solo cinco palabras que sirvieron para silenciar demonios, miedos y cualquier duda que pudiese estar presente entre los dos, revoloteando entre aquellas paredes falsas de cristal y madera, entre la tinta y los zumbidos de las máquinas.

Göran, Eve y Björn siguieron paseando, aprovechando el tiempo para comprar ropa y disfrutar de buena comida y de los espectáculos de fuego y striptease que tuvieron lugar durante la jornada.

Alieke inmersa y concentrada en su trabajo, sin perder la sonrisa de su rostro ni un solo momento. Estaba sumergida en su propia burbuja. Las palabras de su maestro de la guerra, de su ángel, habían sido la sentencia que ambos necesitaban escuchar, que sus corazones necesitaban oír para silenciar cualquier atisbo de interrogante que quisiera nacer tras sus besos y sonrisas.

Todo había comenzado en Londres, en un vuelo de número cualquiera, pero un vuelo que había cambiado la existencia de ambos.

En esos momentos, también en Londres, terminaba una parte de su camino juntos, para comenzar una nueva etapa de sus vidas, unidos y cogidos de la mano.

Una nueva época, donde los ángeles volaban juntos, se sabían juntos y permanecían uno al lado del otro. Sin miedos, sin silencios, sin distancias.

Rodeados de amor, regalándose amor, amando y sabiéndose amados.

Un músico de ojos glaciales y mirada peligrosa pero buen corazón.

Una tatuadora de apariencia radical y alma angelical.

Dos almas que estaban predestinadas a estar unidas. Ahora y siempre. Sin importar cuál sea el camino. A cada paso pronunciado, a cada batir de sus alas de tinta.

FIN


No hay comentarios :

Publicar un comentario

Se agradecen todos los comentarios siempre y cuando estén hechos desde el respeto. Aquellos que no lo estén serán eliminados por el autor. Gracias.