CAPITULO 6 DE AMOR EN BLANCO Y NEGRO

¡Queridos readers!

Llego un día tarde porque ayer me fue imposible actualizar, no se lo digáis a nadie pero veces el tiempo pasa volando.

¡Espero que me lo perdonéis! Y que os echéis unas risas con estos dos que cada vez que se tropiezan saltan chispas. Son dos de mis personajes más gruñones.

¡Un abrazo! Y contadme: ¿qué os va pareciendo la historia?

Que sepáis que mientras tanto, esta que os escribe sigue escribiendo y que hay un nuevo sueño en manos de mi querida Isabel del Río, del que pronto os podré hablar y contaros muchas cositas...

Solo os adelanto unas palabras: Irlanda y Raíces celtas.

Soy muy mala ¿eh?  xD




6. AL PIE DE LOS MOLINOS


Pasaron dos días en los que Estrella y Clyde no se volvieron a encontrar. 


Ambos pusieron todo su empeño en olvidarse del otro, y en no frecuentar los posibles lugares donde pudieran tropezar. Clyde no volvió a comer en el restaurante Luz de Luna, y mucho menos a visitar el parque en el que la había encontrado aquella mañana. Y Estrella se refugió en su casa todo el tiempo que no estaba ayudando a su hermana en el restaurante. Se dedicó a leer y a escribir, y a amansar su sangre inquieta con música relajante.


Antes de la llegada de Gaelan al pueblo, había escrito en su libreta que deseaba volver a sentir su sangre ferviente y enloquecida caminar por sus venas. Ahora que lo había conseguido al tropezarse con el joven, no estaba tan segura de querer sentirse como se estaba empezando a sentir. 


Había logrado dormir mejor, pero cuando su cabeza no estaba ocupada su cerebro enseguida jugueteaba y la recordaba instantes vividos junto a él. Recordó con tristeza que cada vez que abrían la boca era para discutir, así que cualquier intento de acercamiento sería totalmente imposible.


 Aquella mañana, mientras saboreaba el primer café del día mirando por la ventana, recordó cuando coincidieron tomando una pinta de cerveza en el The Dome de Edimburgo. Hacía varios días que se habían encontrado en el Castillo de Eilean Donan, y ese día se habían vuelto a encontrar en el mítico pub instaurado en una antigua sede bancaria. Se habían mirado varias veces, incluso se habían sonreído, aunque no habían cruzado ni una sola palabra, al menos no se habían insultado ni tratado con tanta antipatía.


Suspiró, cerró los ojos y meneó su cabeza intentando así que sus pensamientos se esfumasen, sin embargo cuando volvió a abrirlos y sus ojos se perdieron en el vivo color de los tulipanes rojos plantados en el verde prado de su pequeño jardín, Gaelan volvió a regresar y poblar sus retinas.


En el Bobby’s Bar, tras su visita al cementerio de Greyfriars, volvieron a cruzarse. Ella acaba de terminar su pinta y él entraba en el bar. Al verlo bajó la mirada y en cuanto pudo se escabulló. 

Unas horas antes se había cruzado con él, mientras salía de la atracción sobre la peste en el Mary King’s Close. Justo en la puerta de entrada se habían dado de bruces, y la mirada glacial del joven se le había clavado en el alma. 


En ese mismo momento se dio cuenta de que jamás podría olvidar aquellos ojos azules tornándose gris tormenta, y ahora que los había vuelto a ver, ese sentimiento había mutado en su interior. Aunque no sirviese de nada. Después de los últimos encuentros estaba segura de que el joven ni siquiera habría pensado en ella, porque fue muy borde con él. Tenía que reconocerlo, se había comportado fatal, ella no era así, pero el hombre la ponía tan nerviosa que no supo reaccionar adecuadamente.


El caso era que cada vez creía menos en las casualidades. Aquello era una causalidad del destino y sus lazos invisibles en toda regla. Lo que les hubiera encantado a Ana y a Carmen debatir sobre ello.


Parecía como si una mano invisible estuviese empeñada en juntarles, porque no hacían más que encontrarse una y otra vez desde que se vieron por primera vez. Y por si Escocia no fuese suficiente, ahora lo tenía en su pueblo. «O quizá ya se marchado» pensó decepcionada.


—Lo mismo el destino ha desistido y se ha dado por vencido —susurró mirando por la ventana. 


Qué equivocada estaba.




Era casi la una de la tarde cuando Clyde estaba fotografiando los distintos molinos que serpenteaban la orilla del Zaan. Majestuosos y libres se alzaban blandiendo sus aspas, provocando que cada hombre, mujer o niño que alzaba la vista hacia su silueta, se sintiese pequeño e indefenso a su lado.


Estrella caminaba a prisa en dirección hacia el Luz de Luna, cuando divisó cerca de la orilla del Zaan, la figura del joven. Gaelan cámara en mano fotografiaba los molinos desde diferentes ángulos. Su corazón se saltó un latido, y su sangre comenzó a brincar acelerada. Aunque no lo pretendía, sus pies tomaron vida propia y se acercaron al hombre.


—¿De qué conoces mi nombre? —le preguntó al acercarse a él.


Segundos antes de que ella llegara, su perfume ya la había delatado otra vez y Clyde había sido consciente de su cercanía. Cada vez que su sangre se aceleraba ya sabía que la chica rondaba no muy lejos de él. Siguió fotografiando como si no la hubiese escuchado. Después del desplante que le había dado días atrás en el parque, estaba loca si pensaba que iba a contestarla sin más.


—¿Quién te lo dijo? —preguntó Estrella cada vez más irritada.


Silencio.


—¿No piensas contestarme?


Silencio.


—¿Por qué no me lo dices?


Silencio. Irritación. Cabreo.


—Contéstame, por favor…


Siguió sus pasos de cerca para irritarlo y que al menos la dijese algo, y lo consiguió.


—Vete.


—No me da la gana. ¿Por qué sabes mi nombre?


—Me molestas. Estoy trabajando.


Ella se quedó quieta tras él, mientras Clyde se iba moviendo en busca del ángulo perfecto para seguir fotografiando. Al mirar el móvil y ver que debía marcharse para el restaurante, comenzó a revolotear a su alrededor para sacarle de quicio y que la contestara de una vez, sin evasivas. Clyde comenzó a estresarse. Después de sentirla correteando de un lado para otro detrás de él como un perrito faldero, estalló y la espetó enfadado tras girarse:


—Uno de los ancianos que se lo pasó genial viéndonos discutir, se acercó a mí y contestó a la pregunta que tú no quisiste contestar. Además tu nombre aparece junto a tu fotografía en el periódico local. ¿Contenta?


Ella asintió en silencio sin atreverse a replicar. «Así que sabe que escribo para el periódico» pensó orgullosa pavoneándose para sí misma.


—Pues lárgate por dónde has venido porque estoy perdiendo mi inspiración por culpa de tu aura gris.


Ella lo miró con las cejas alzadas y una mueca de disgusto en su boca, y él sin inmutarse la recordó:


—Que te vayas…


Estrella giró en sus pasos y se marchó mientras apretaba sus puños a cada lado de su cuerpo. No sin antes regalarle una pildorita bien alta para asegurarse de que él la escuchara.


—Gilipollas.


Clyde no pudo evitar estallar en una carcajada silenciosa. No se había dado cuenta de cuánto le encantaba sacarla de quicio hasta ese momento. Una gran sonrisa invadió su rostro mientras su mirada se perdía de nuevo tras el objetivo de la cámara. 


Le llamó poderosamente la atención un niño pequeño que sentado bajo uno de los molinos lo miraba como si fuese un gigante demoledor.


En el último tiempo le costaba sonreír, siempre tan pensativo y dubitativo. Y sin embargo Estrella le estaba sacando más sonrisas sinceras en los últimos días que el resto de personas que le rodeaban en los últimos meses. Al pensar en ello y darse cuenta de la cantidad de sonrisas fingidas que había pronunciado, algo en su corazón comenzó a despertar.


«Y si esta chica alocada ha aparecido en mi vida para demostrarme que puedo ser diferente» 

«¿Por qué sino el destino me hace tropezar con ella tantas veces?» «Buff, pero viste fatal, y no es el tipo de mujer al que yo estoy acostumbrado. No me atrae especialmente. ¿O sí? »


Tantas preguntas se agolparon en su cerebro que la jornada fotográfica se acabó por ese medio día. Con el estómago rugiendo de hambre, se dirigió a otro de los restaurantes del pueblo para no tropezarse con ella y poder reflexionar sin tenerla cerca. Si la tenía a su lado revoloteando mientras comía, y volvía a verla con aquel rubito musculado de ojos azules entre sonrisas y miradas de coqueteo, le iba a resultar imposible hallar respuestas a sus interrogantes.



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