CAPITULO 7 DE AMOR EN BLANCO Y NEGRO

¡Queridos lectores!

No hago más que retrasarme en los post de los miércoles...¡perdón!

Ayer ha sido un día de prisas, compras, búsqueda de destinos...

Deseo que la espera haya merecido la pena y os guste el nuevo capítulo.

Parece que hay un acercamiento entre Clyde y Estrella. O quizás no...xD

¡Un abrazooo!



7. A MEDIA TARDE


Tras comer en un restaurante llamado “Red” y pasear por el pueblo con tranquilidad, Clyde se dirigió al Luz de Luna a tomar un té y leer un libro que había comprado en el quiosco del pueblo. A esas horas Estrella se habría marchado como el día en el que coincidieron, y él podría disfrutar de un poco de tranquilidad en un restaurante acogedor que le había gustado muchísimo desde que lo conoció.


Cuando entró, el hombretón que había tras la barra lo saludó amablemente y le atendió con premura. Ni rastro de Estrella. 


Relajado, se sentó en uno de los taburetes de la barra a degustar su té y pronto entabló conversación con los dueños del restaurante. El hombretón resultó llamarse Jurian, un holandés que en unas vacaciones al norte de España se enamoró perdidamente de Luna, la hermana de Estrella. A la que pidió matrimonio en cuanto se tropezaron de nuevo, cuando ella visitó Zunse Schauns hacía ya dos años. 


Así se enteró de que las vacaciones de Estrella y Luna derivaron en un cambio de aires. Luna decidió aceptar y quedarse en Holanda, dejar atrás España y empezar de nuevo.


Enterarse de todo ello dejó a Clyde totalmente intrigado. Una cosa era que Luna hubiese dejado su país por amor, y empezado de nuevo en aquel pueblo. Sin embargo Estrella… ¿Por qué una chica joven seguiría a su hermana y cambiaría de país? ¿Estaría huyendo de algo?


En ello pensaba cuando un olor a perfume le hizo girarse hacia la puerta. No lograba identificar la fragancia porque se mezclaba con los rastros del olor a comida, pero la había olido antes en algún lugar. Estrella se sentó en otro de los taburetes de la barra un poco alejada de Clyde, y él al verla supo que era su perfume: Angel de Victoria Secret. 


Una de las ayudantes que había tenido en el estudio de fotografía también lo utilizaba, aunque no podían ser más distintas como mujer.


Ambos se miraron de arriba hacia abajo durante unos segundos antes de apartar la vista, algo que no pasó desapercibido para Luna y Jurian. Clyde y ellos dos siguieron su conversación como si ella no hubiese entrado, y así pudo conocer Estrella que Gaelan era un abogado de origen escocés que residía en Londres, y que como amante de la fotografía de vez en cuando necesitaba alejarse de la gran ciudad y fotografiar naturaleza para inspirarse y reflexionar.


—Mi hermana te puede enseñar el pueblo. Ella es escritora y seguro que conoce lugares que te podrían inspirar para fotografiar.


Los tres se giraron hacia ella, y al sentirse observada se sonrojó. Ocultando sus mejillas con su melena ondulada, se dirigió a una de las estanterías de la entrada, cogió un folleto de turismo con mapa, y se lo extendió a Clyde.


—Tú no eres así, Estrella… —le espetó su cuñado mirándola totalmente confundido. Aquella muchacha borde nada tenía que ver con su dulce cuñadita.


—Es culpa mía, no hemos empezado con buen pie.


—Ah, pero ¿ya os conocéis? —preguntó Luna haciéndose la despistada como si no supiese nada del encontronazo fotográfico del puente.


Sin pretenderlo los dos respondieron a la vez, pero de forma distinta.


—Sí. De Escocia —dijo Clyde.


—Nos cruzamos en la entrada del pue… —dijo Estrella.


Su hermana y su cuñado se miraron atónitos sin entender nada de lo que estaban escuchando. Entrada del pueblo. Escocia…


Estrella lo agarró del brazo sin dejarle terminar su té y lo arrastró hacia la puerta.


—No he pagado —dijo Clyde.


Lo apuntarán a mi cuenta.




Una vez fuera del bar, mirándolo enfadada le espetó:


—¿Por qué les dices lo de Escocia? ¿No dijiste que te confundía con otra persona?


Clyde sonrió antes de contestar:


—¿Empezamos de nuevo o seguimos discutiendo como siempre sin poder mantener una conversación civilizada? —preguntó el joven.


Ella lo miró con el entrecejo arrugado intentando averiguar lo que se escondía tras su mirada, y cansada de discutir y de estar de mal humor, se dio por vencida y accedió.


—Me llamo Estrella —le dijo mirándole a los ojos con dulzura y extendiéndole la mano.


Él se acercó a ella y estrechando su mano suavemente, le dijo:


—Y yo soy Gaelan.


Ella le sonrió despreocupada, y Clyde sintió como el corazón se le subía a la garganta. Aquella sonrisa era lo más bonito que había visto en mucho tiempo.


—¿Por qué me has fotografiado? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué negaste lo de Escocia cuando nos vimos hace días? —preguntó ella sacándole de sus pensamientos, mientras comenzaba a caminar hacia las afueras del pueblo.


—Mira que eres preguntona ¿eh? —le dijo el chico mientras seguía sus pasos.


Ella sonrió.


—Como le gustaba a un señor llamado Jack, vayamos por partes. Estoy de viaje en este pueblo para cambiar de aires y buscar las musas de la inspiración. Te he fotografiado porque no he podido evitarlo, te vi en el puente de madera mientras paseaba y…


—¿Y en Escocia? —le interrumpió.


—Lo mismo. Sentí la necesidad de fotografiarte cuando te vi.


—Necesidad... Vamos que yo tenía razón y eres un acosador al que le encanta robar la intimidad ajena…


—Perdona guapa, pero fuiste tú quien fotografió mi trasero al caminar de espaldas a ti. Yo al menos he ido siempre de frente.


Estrella no pudo evitar sonrojarse al recordar el instante del que él hablaba, y todas las veces que había mirado esa fotografía una vez ya en casa tras volver de las vacaciones.


—¡Oh, venga ya! ¿Pensabas que no me había dado cuenta? Me encanta la fotografía, ¿recuerdas? Percibo un clic a metros de distancia…


Ella no contestó. Se quedó mirándolo sonriendo como una boba y con sus mejillas completamente acaloradas.


—¿Te vas a sonrojar como una adolescente después de toda la agresividad que me has mostrado estos días? —preguntó divertido—. Va a tener razón tu cuñado cuando dice que no eres la persona que muestras ser conmigo…


Ella volvió a sonreír y alzó las cejas intentando poner cara de enfado sin conseguirlo, antes de darle un ligero puñetazo en el hombro.


—Quiero ver todas mis fotos —le pidió mientras se perdía en el profundo azul de sus ojos.

—Aquí solo tengo las del otro día. Las de Escocía están en mi casa de Londres. Si me das un email, a mi regreso te las puedo enviar.


La chica asintió antes de pronunciar: ¿Y puedo ver las que tienes?


—Claro —contestó ofreciéndole su cámara.


Juntos uno al lado del otro, se detuvieron para observar las fotos de Clyde, mientras Estrella buscaba las suyas sin prisa. Maravillada con cada una de las imágenes que iba pasando, le dijo:


—Pareces fotógrafo profesional en vez de abogado. Son realmente preciosas. Yo jamás podré sacar fotografías así.


—Gracias por el cumplido —contestó Clyde intentando aparentar tranquilidad tras el comentario de la joven—. Te puedo dar unos consejos para mejorar el enfoque. Pero las instantáneas que me sacaste el otro día estaban muy bien hechas. Capturaste mis sensaciones y gestos sin pretender nada.


—¿Sí? —preguntó ella.


Él asintió en silencio, mientras ella volvía a perderse en el visor de la cámara. Clyde inhaló profundamente el aire y su dulce perfume le embriagó de tal manera que le pareció que viajaba desde sus fosas nasales hasta el centro de su ser.


Sin embargo el instante de magia se esfumó cuando una voz masculina pronunció el nombre de la chica y ambos alzaron la vista en busca del dueño.

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