SIELULINTUT - LOS PÁJAROS DEL ALMA -

¡Queridos lectores!

Después de más de un año sin actualizar mi blog de autora, regreso de la mejor manera posible.

Quienes seguíais este rinconcito de palabras ya habéis leído distintas historias por capítulos. Para los que no habéis descubierto todavía mis novelas gratuitas, podéis buscar en publicaciones antiguas.

Espero que esta nueva novela, os atrape del mismo modo que lo hizo ALAS DE TINTA y vengáis a visitarme todas las semanas en busca y captura de la nueva entrega.

SIELULINTUT.

Os preguntaréis que significa esta palabra, de dónde saqué el nombre, por qué los cuervos de la portada...

Para hallar todas las respuestas no tenéis más que seguir leyendo.

Soy muy freak de la mitología nórdica, sí, pero también de la finesa, y de casi todos aquellos folclores que consigan hacerme soñar.

Mi amor por Finlandia viene de lejos. Culpa de la banda HIM, pero también de mi amor por la nieve, las auroras boreales, los bosques y lagos y los preciosos colores de las hojas en el Otoño, mi estación favorita, y que en Finlandia adquiere una tonalidad de ensueño. Hasta el nombre finés del Otoño (Ruska) tiene una magia impresa en su pronunciación. ¿Verdad?

SIELULINTUT. La palabra que da título a la novela significa Pájaros del Alma. Y es que en la cultura finesa las aves cobran mucha relevancia. Dice la leyenda que son estos pájaros quienes dan el alma a los humanos en su nacimiento y se la quitan en su muerte. Y que son los encargados de velar para que el alma no se pierda en los caminos oníricos durante el sueño.

¿A qué es magia pura? ¿Cómo no inspirarme?

Pues si a la mitología le juntamos mi amor por los cuervos, por la naturaleza, por Finlandia, por el death/folk metal, y por los personajes excéntricos y diferentes...

¡Ya tenéis nueva aventura registrada y lista para leer!

Lleva guardada en una carpeta de mi portátil desde Noviembre del 2016. Así que no seáis muy crueles conmigo... ¿O si? ¡Sed despiadados! ¡Me encantaaaa!





Sinopsis:


Izara es una joven risueña, alocada y muy soñadora. Viaja a Helsinki para una entrevista de trabajo sin saber que esa oferta dará un vuelco a su vida.

Aleksi Järvinen es un músico loco y hombre pragmático. Vive su vida sin mirar atrás hasta que un favor a su hermano trastoca su existencia.

Ninguno de los dos conoce que el destino les tiene preparada una sorpresa.

Unos ojos azules, un sueño, una canción.
Los pájaros del alma han alzado su voz.
Unos ojos verdes, un sueño, una canción.
SIELULINTUT.


Historia:


SIELULINTUT


Dos pájaros negros sobrevolaban el cielo sobre sus cabezas, protegiéndolos, uno a cada uno, cuando su batir de alas se cruzó.

Chocaron, sin poder evitarlo, al igual que ellos dos. Y desde entonces una parte de sí mismos permanece encadenada y unida.


En sueños, estos pájaros siguen graznando, hablando, contándose todo lo que hacen las almas a las que están ligadas. De esa forma consiguen que los humanos a los que protegen sigan entrelazados espiritualmente, cuando duermen, cuando su subconsciente murmura, cuando sus anhelos flotan en el aire y su sangre hierve entre cosquilleos.


Aunque la distancia y la vida les haya separado, aunque ellos no lo sepan, una parte de sus propios latidos sigue caminando en la misma dirección.

PRIMERA TAZA:

Miedos, lluvia y café


1. NUEVA OFERTA DE TRABAJO

Izara estaba tomándose un café bien cargado con la mirada perdida en las gotas de agua que se deslizaban por el cristal. Le encantaba observarlas, perseguirlas hasta que se deshacían y chocaban unas con otras; y más cuando estaba confundida como aquel día.
En la tristeza tibia de la lluvia encontraba las fuerzas necesarias para resurgir, limpiar las viejas heridas y sentirse llena de esa energía purificadora y revitalizante que desprendían. Era lo que necesitaba en ese momento. Energía. Mucha energía. Para seguir creciendo, para avanzar.
Pensó en Ukko, su mejor amigo, que había sido bautizado con ese nombre por el dios del crecimiento y de la lluvia en la mitología finesa. Pensó en cómo él siempre le recordaba que no había nada que las gotas de agua no pudieran limpiar, sanar y purificar.
Las temperaturas habían descendido tanto que había tenido que poner la calefacción para no congelarse y su vaho de suspiros liberados sobre la ventana mostraba que el invierno ya no se iba a marchar.
Había recibido una llamada inesperada que la tenía en vilo. Nerviosa y vacilante, sin saber qué hacer y con la cabeza llena de dudas. Necesitaba hablar con su hermana Caelia o con su mejor amiga, Maia, pero ambas estaban trabajando y no podía molestarlas hasta dentro de unas horas.
Los acordes de una de sus bandas favoritas, Amaral, tintineaban desde el ordenador ayudándola a serenarse un poco, pero no era suficiente. Porque en cada palabra veía un mensaje oculto que pedía a gritos ser descifrado y su mente era demasiado ansiosa. Era impaciente por naturaleza.
Ni siquiera la historia que estaba escribiendo en su portátil, minutos antes de que el teléfono sonase, había conseguido hacerla olvidar la llamada. Intentó escribir de nuevo pero las palabras ya no le salieron con la misma fluidez y tuvo que dejarlo.
Los recuerdos se han quedado tan borrosos como el barro de los charcos después de la tempestad. Son las brasas de una llama extinguida donde se me fue la vida intentándola avivar. Apostando a una causa que se muere, unas veces se gana y otras se pierde…” cantó Eva Amaral desde los pequeños altavoces dándola munición para pensar.
A Izara le pareció en aquel instante que la canción trataba de darle las claves para despejar sus dudas. Hablaba de ella, de su pasado más reciente, de las relaciones que antes de tener un futuro ya estaban condenadas al fracaso. Y de aquellas llamas que la hubiese gustado ver arder.
Hacía varios meses que lo había dejado con Daniel, un vecino de la urbanización de su hermana con el que había comenzado una breve relación tras unas cuantas cervezas, sonrisas y noches de sexo apresurado.
Daniel Ramírez era el hombre perfecto para ella. Guapo, inteligente y divertido. Que estuviera divorciado y fuese padre de un niño precioso, que por alguna extraña razón la adoraba, no le pareció ningún problema cuando se conocieron. Después tampoco.
Los había conocido a los dos el mismo día. Eran nuevos en la urbanización. Solo les separaban dos chalets y unos pocos centímetros de tierra. Y desde el primer minuto la conexión había sido inmediata. Y la verdad es que se lo pasaban muy bien juntos.
Su vecino había sido una chispa de aire fresco que, tras su llegada de Helsinki, había logrado que se olvidara de todo. El hombre con el que su lado adolescente siempre había soñado y que le había ofrecido la relación estable que siempre había querido. Tener un futuro a su lado lejos de esa relación esporádica que había nacido entre los dos al comienzo, donde a ambos les atenazaba el pánico a sentir más y salir mal parados de nuevo.
Daniel era un hombre que desde el primer día la había tratado como a una princesa, y sin embargo Izara decidió que no era suficiente. Él era perfecto, pero ella no era suficiente para él. Sentía que Daniel se merecía mucho más, era una sensación que la ahogaba por dentro cada vez que se quedaba sola. Porque algo en su interior la gritaba que nunca podría corresponderle de la misma forma.
—He aprendido a lamerme las heridas, renacer de mis cenizas y volver a comenzar…—susurró al compás de la melodía.
Repitió las palabras como un mantra, una y otra vez. Al descifrarlas supo que era justo eso lo que tenía que hacer. Comenzar de nuevo. Sin lastres. Sin desear cosas que no podía tener y sin tener aquellas que ya no deseaba. Sin aferrarse a lo que parece perfecto y que no logra dejar al corazón sin oxígeno. Porque desgraciadamente ella sabía lo que era que la robaran todo el oxígeno de los pulmones y del alma.
Ella sabía muy bien lo que era sentir que un beso le quitara el aire, y los besos de Daniel eran dulces y quitaban los miedos, pero no los producían. Anestesiaban, repletos de seguridad, pero no producían revoloteos de esas mariposas cargadas de ansias e incertidumbre.
Se debía empezar de nuevo y para ello primero tendría que empezar a sonreír sin parar. Como siempre había hecho. La joven melancólica en la que se había convertido distaba mucho de ser quien siempre había sido.
Aquella tarde, tres días antes de Nochebuena, se prometió a sí misma que no volvería a apostar por nada en su vida si no le producía esa sensación de vértigo en el estómago que la hiciese temblar de nervios.
Cuando su hermana llegó, la sorprendió descalza y subida en el sofá, colocando una guirnalda de color rojo brillante en el enorme cuadro del puente de Brooklyn y Nueva York que decoraba el salón. Era lo que más le gustaba de las navidades. Decorar toda la casa, las luces que adornaban las ciudades, y ese sentimiento de fraternidad que parecía apoderarse de toda la sociedad aunque después fuesen tan hipócritas como de costumbre.
—¡Ya has comenzado con la decoración!
—¡Te lo prometí!
—Bájate de ahí y luego acabamos…¿te parece?
Izara asintió y su hermana al mirarla a los ojos supo que algo no iba bien. Parecía nostálgica. Ella, la loca Izara que adoraba las navidades y las reuniones que estas fiestas conllevaban.
Tras la ducha reparadora y la cena caliente, Caelia le instó.
—Vamos a montar el árbol, que es lo único que queda y me cuentas que te atormenta…
Izara la miró sorprendida.
—Te lo he notado al llegar, pero quería que tú me lo contases, y mejor con el estómago lleno…¡Dale!
Mientras decoraban con bolitas y figuritas las ramas verdes artificiales del gran árbol que su hermana había escogido en el centro comercial algunos años atrás, Izara le explicó aquello a lo que llevaba dando vueltas toda la tarde.
—Ha llamado Ukko.
—¿Y cuál es el problema? ¡Habláis todo el rato!
—Me ha ofrecido un trabajo estable en su periódico, e incluso publicar un libro de viajes con el sello editorial del cuñado de su jefe.
—¡Eso está genial! ¡Es lo que siempre has querido! Viajar, escribir…¿no? ¿Cuál es el problema?
Izara calló. No era un problema en sí, sino una especie de remolino donde el pánico, el miedo y el vértigo se mezclaban. No era lo mismo viajar y trabajar fuera de casa un par de meses, que liarse la manta a la cabeza y marcharse a vivir a otro país.
—¡Ninguno! Pero yo tenía unos planes indestructibles apuntados en mi libreta y…
—Y muchos sueños, y parte de esos sueños aún no los has cumplido.
—Lo sé, pero yo quería encontrar el amor, formar una familia,…
—¡Has estado con Daniel! Lo que querías con veinte años no es lo mismo que deseas ahora, así que haz las maletas y fuera miedos, ¡Joder! ¡Que se note que eres cántabra! —la gritó con voz grave mientras la hacía cosquillas.
Izara suspiró con hastío. Solo su hermana era capaz de reñirla entre sonrisas y bromas. En el fondo sabía que tenía razón. Que debía enfrentarse a sus miedos, a esa sensación de vértigo que la sacudiría desde que pusiese uno de sus pies en Helsinki.
Siempre había soñado con encontrar a un hombre con el que crear su propia familia, alguien que quisiese un futuro de verdad junto a ella, y sin embargo cuando lo había tenido el sueño se había desvanecido como humo de tabaco. Daniel no era su mitad soñada, aunque fuese perfecto y quisiera darla todo lo que ella había anhelado siempre. Quizá había cambiado y ni siquiera se había dado cuenta.
Finlandia había significado tanto para ella un año atrás, que solo con hacer memoria la temblaban las piernas. Finlandia era la culpable de que en España ya no se sintiese tan a gusto, de que Cantabria no fuese suficiente, de que Daniel no fuera lo que necesitaba y que no pudiese darle todo lo que él necesitaba.
Lo había sabido desde que se había bajado del avión. Una parte de su corazón se había quedado en las tierras del norte. Una semana después de llegar ya supo que nada sería igual. Por eso se había aferrado a Daniel. Por eso lo había intentado. Pero como siempre le había recordado su madre, el amor no tiene que intentarse, tiene que sentirse muy adentro ahogándote y saliendo por cada poro de tu ser, tiene que desgarrarte el alma a cada suspiro y hacerte sonreír como una idiota constantemente.
Cogió el teléfono inalámbrico del salón y se metió en su habitación tras hacerle un gesto a su hermana.
Al otro lado contestó una voz dicharachera que siempre estaba dispuesta a hacerla sonreír.
—Tu primo quiere matarme…
—¿Qué le has hecho esta vez?
—Dudar.
—¿Sobre qué has dudado ahora?
—Me ha ofrecido un trabajo estable en Helsinki.
—¿Y qué haces todavía aquí?
—Es casi Navidad. Hasta primeros de enero no tengo que viajar…
—Pero le habrás dicho que sí, ¿verdad?
—Estoy en periodo de decisión…
—¿Qué narices tienes que pensar?
—¡Tengo miedo!
—Amiga…
—Ya sabes que…
—Izara, eres una mujer adulta…no una niiiñaaa…aunque a veces lo parezca. Nada puede echarte atrás.
El silencio reinó en el aparato.
—Nada puede paralizarte hasta el punto de dejar tus sueños en standby
Maia siempre conseguía animarla, decirle las palabras adecuadas en el momento indicado. E Izara en ese momento necesitaba un empujón más que nunca. Le iba sacando las confesiones de a poco, como si así los problemas doliesen menos, y cuando llegaba al kit de la cuestión, ahí entonces atacaba a la yugular.
—Lo sé…
—Tu sueño siempre ha sido viajar, escribir, ganarte la vida con lo que escribes…
—Y los miedos están para enfrentarlos…
—Creo que acabas de tomar tu decisión… ¡Bye, bye, España! ¡Hello, Helsinki!
Izara sonrió y su amiga le secundó.
—Además mi primo te va a tratar fenomenal, no te va a dejar sola en ningún momento. Un par de meses allí y ya no querrás volver…
—Pues tendrás que ir tú de viaje, porque no creo que pueda estar mucho sin verte.
—Ya sabes que no hay problema, hace mucho que no veo al fantasma de Ukko, y seguro que tu hermana me acompaña.
El silencio volvió a reinar en la comunicación.
—¿Qué haces?
—Recordar…
—Pues no recuerdes mucho o los miedos volverán. El oxígeno entrecortado, los suspiros, las caricias frías…
—¡Maia!
—¡Vale, vale…!
—¡Te cuelgo! ¡Nos vemos mañana!


Aleksi llevaba semanas deseoso de inspiración. Parecía que sus musas se habían esfumado, que se escondían de él, y era incapaz de crear nuevas melodías. La lluvia congelada golpeaba el cristal y él no podía dejar de temblar. Quería sacar lo que llevaba dentro pero era incapaz de hacerlo.
Todo lo que anotaba en la partitura acababa tachándolo y el papel de pautas acababa en el fondo de la papelera negra de su estudio después de varios improperios. Cada vez que posaba sus manos sobre el piano que tenía en el salón, le parecía escuchar una posible melodía. Pero a los pocos segundos las ideas se desvanecían. Era como si no lograse retenerlo las notas el tiempo suficiente.
Sentía como si su cabeza estuviese llena de un montón de acordes enmarañados y no fuese capaz de ponerlos en orden para crear lo que deseaba. Siempre le había sido fácil crear, sus amigos decían que tenía un don. Pero en esos instantes su cerebro tintineaba repleto de mucho y de nada a la vez.
Miró hacia una de las estanterías sin fijarse en ningún libro en concreto, pero un lomo llamó su atención entre su amplia biblioteca. Encontró la libreta que le habían regalado un año atrás. Se levantó y la sostuvo entre sus manos.
Era de cuero, con un cuervo grabado en la solapa y hojas de papel reciclado en el interior. Al acariciar sus solapas recordó a la persona que le había obsequiado con aquella maravilla y sintió un escalofrío.
Sus ojos verdes martillearon su cerebro, sus sonrisas llenaron toda la habitación ahuecando la huella del silencio, y dentro del corazón sintió una punzada eléctrica demasiado dolorosa. «¿Qué habrá sido de ella?»
Hacía ya meses que no había vuelto a mirar sus redes sociales, casi el mismo tiempo que ella había dejado de etiquetar a la banda que él lideraba en las fotografías que subía al Instagram, en las que lucía su merchandise o salían ellos en pleno show.
Hacía muchos meses que intentaba convencerse a sí mismo de que él también seguía con su vida. Sin embargo la reconciliación con su ex había durado menos que un suspiro, y el sexo sin compromiso ya no le llenaba suficiente. Nadie había vuelto a mirarle de la misma manera, nadie le había hecho sentir lo mismo en una sola caricia, nadie había sido capaz de llenar su silencio como ella lo hacía. Estaba demasiado loca y era demasiado alegre y gritona para pasar desapercibida.
De gira con los chicos le era más fácil no echar de menos nada. Entre el trasiego de la rutina, los aviones, los distintos países que descubrir, los hoteles, las entrevistas, las juergas de backstage, el torbellino de la noche sobre el escenario, esas sensaciones indescriptibles que se apoderaban de él al ver a la gente disfrutar de su música, la euforia que el sexo le regalaba y que le dejaba agotado junto al alcohol…
Entonces todo estaba en el lugar que tenía que estar, vivía sin pensar en nada más, exprimía cada momento, y no sentía esa maldita opresión en el pecho.
 Cuando regresaba a casa, la soledad aparecía traicionera y quería absorberle. Robarle cualquier atisbo de energía. La burbuja en la que había estado sumergido explotaba para mostrarle la realidad. Odiaba estar parado. Aunque a veces lo necesitase, aunque tiempo atrás incluso le gustase ese sentimiento de relax, paz y armonía que latía a su alrededor cuando llegaba a casa y disfrutara con las cosas que no podía hacer cuando estaba en ruta.
Pasear por su ciudad, tomarse el café sin prisas, el mero hecho de mirar por la ventana y sentir la naturaleza, tocar la guitarra para llenar el silencio, escuchar música, tocar el piano, leer un libro, jugar a la consola...
Sin embargo desde que la había conocido a ella tenía una extraña sensación dentro del cuerpo cada vez que regresaba. Ya no se sentía como antes.
Y aunque al principio se sintió liberado, después de meses de ajetreo en la gira europea, a medida que las semanas en casa fueron más continuas, una especie de melancolía le asfixió haciéndole reflexionar. A él, el hombre carpe diem que nunca pensaba en el día siguiente y que exprimía cada segundo como si fuese el último.
Era como si en esos momentos su tiempo transcurriese de forma diferente.
Las horas frente al televisor ya no le entretenían y se convertían de un plumazo en tiempo perdido. Como si su mirada estuviese distorsionada, como si ahora esperase más de la vida, como si antes de ella esa parte de él que ahora buscaba lo que no tenía no hubiese existido.
Se sentía vacío. Incompleto. Como si algo le faltase. Se sorprendía cuando su cerebro divagaba sobre el futuro. Él nunca había sido así. Nunca había pensado en el mañana. En esos instantes todo era tan distinto…
Se sentía diferente, como si fuera otra versión de sí mismo, y aunque había tratado de ocultarlo y dilatarlo, al final el nuevo Aleksi había salido vencedor dejándole totalmente descolocado. Pensaba demasiado. Extrañaba demasiado. Y no era bueno para su corazón. Lo sabía. Sabía que sintiéndose así le sería imposible crear. Porque quitando en su adolescencia, él nunca se había sentido así y no sabía cómo manejarlo.
Necesitaba inspiración.
Necesitaba pasear, fotografiar, sentir la naturaleza a su alrededor y oxigenarse. Llenar el cerebro con cosas nuevas. Necesitaba recomponerse de alguna manera ahora que la música no le ayudaba a hacerlo.
Y para Aleksi la música siempre había sido lo que daba sentido a su vida, lo que le ayudaba a seguir sintiéndose vivo, lo que le hacía sentirse bien.

3 comentarios :

  1. Un principio prometedor :D
    solo dos pegas:
    -había lograd (la o)
    -has repetido "vértigo" muchas veces en párrafos cercanos, viciosaaaa ;)

    Un abrazo fuerte!!!

    ResponderEliminar
  2. A mi me gusta mucho, también iba a decirte que nos faltaba una 'o' 😉
    Y quisiera mencionar que me ha resultado chocante el cambio entre finalizar la conversación telefónica y comenzar la descripción de Aleksi... 🤔
    Me descoloque en un momento de la lectura pensé que me había saltado algo
    Por lo demás... Esperando otra tacita de café 🙃

    ResponderEliminar
  3. A mi me gusta mucho, también iba a decirte que nos faltaba una 'o' 😉
    Y quisiera mencionar que me ha resultado chocante el cambio entre finalizar la conversación telefónica y comenzar la descripción de Aleksi... 🤔
    Me descoloque en un momento de la lectura pensé que me había saltado algo
    Por lo demás... Esperando otra tacita de café 🙃

    ResponderEliminar

Se agradecen todos los comentarios siempre y cuando estén hechos desde el respeto. Aquellos que no lo estén serán eliminados por el autor. Gracias.